La intensa pugna política entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la Reserva Federal ha alcanzado un nuevo punto álgido con una controvertida campaña de acoso hacia su máximo responsable, Jerome Powell. La ofensiva de Trump busca disminuir la autonomía del banco central presionando por rebajas más agresivas de los tipos de interés, lo cual ha generado una resistencia significativa dentro del Congreso. Powell, ahora en el ojo de una investigación penal por parte de la Fiscalía federal, ha defendido su postura, afirmando que la investigación es un intento de intimidación debido a su resistencia a cumplir con las exigencias presidenciales. La campaña del presidente ha provocado una ola de apoyo hacia Powell, con figuras notables como exsecretarios del Tesoro y expresidentes de la Reserva Federal condenando lo que consideran tácticas de intimidación sin precedentes.
El caso ha desatado críticas bipartidistas, con varios congresistas demócratas y republicanos mostrando su oposición a las injerencias presidenciales. La situación ha dejado patente las grietas en el apoyo republicano a Trump, reflejadas también en otras recientes decisiones legislativas. El senador Thom Tillis ha manifestado públicamente su descontento, sugiriendo que la independencia de la Fed y del Departamento de Justicia está en juego. Además, la gestión presidencial de Trump enfrenta cuestionamientos por intentar controlar la mayoría del Comité Federal de Mercado Abierto, algo que podría materializarse si logra sustituir a Powell y a la gobernadora Lisa Cook, también bajo presión judicial. Con elecciones de mitad de mandato en el horizonte y una votación en el Senado pendiente, la batalla por la independencia de la Reserva Federal podría tener repercusiones significativas tanto para la política interna como para la economía de Estados Unidos.
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