

El Banco Central Europeo (BCE) considera que la economía española ha resistido mejor que sus vecinas europeas el impacto de la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio. Según las actas de su reunión del 11 de junio, los indicadores de alta frecuencia en tiempo real para España apuntan a un impacto «prácticamente nulo a corto plazo» en la actividad económica, mientras otros países de la eurozona sí acusan la subida de los precios energéticos.
El documento llega después de que el consejo del BCE decidiera por unanimidad subir los tipos de interés 25 puntos básicos, en un intento de frenar una inflación empujada en parte por la energía. En las deliberaciones previas a esa decisión, los miembros del consejo reconocieron que, mientras otras economías de la zona euro ven cómo se deteriora su crecimiento, España mantiene un ritmo robusto.
La economía española creció un 0,6% en el primer trimestre del año, impulsada sobre todo por la demanda interna, que aportó cinco décimas al total frente a una décima del sector exterior. El BCE atribuye este comportamiento, en parte, a la mayor inversión en energías renovables y a las políticas de apoyo energético del país, que reducen su exposición a los vaivenes del petróleo y el gas.
El panorama para el conjunto de la eurozona es más complicado. El propio BCE reconoce que la crisis energética ha tenido efectos más profundos de lo previsto sobre la confianza empresarial y el consumo, en particular en el sector servicios, y advierte de que la inflación ya no es solo una previsión, sino un hecho que empieza a generar efectos de segunda ronda en distintos sectores.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) coincide con el diagnóstico del BCE y mantiene sus previsiones de crecimiento para España en el 2,1% en 2026 y el 1,8% en 2027, muy por encima de la media de la eurozona, que el organismo sitúa por debajo del 1% en ese periodo. El BCE también señala el auge de la inversión en inteligencia artificial como un factor que está sosteniendo la productividad española en medio de la incertidumbre geopolítica.
Este diagnóstico llega después de que otros indicadores hubieran mostrado señales de debilidad puntual, como la caída del PMI compuesto del sector privado por debajo de los 50 puntos en abril, o de que el IPC hubiera moderado su ritmo hasta el 2,4% a principios de año. El propio BCE reconoce que la combinación de demanda interna sólida, energía renovable e inversión tecnológica es lo que explica que España resista mejor que el resto del bloque, aunque advierte de que el escenario internacional sigue siendo incierto.
Un 0,6% en el primer trimestre del año, impulsado sobre todo por la demanda interna.
25 puntos básicos, en una decisión unanánime tomada en la reunión del 11 de junio.
2,1% para 2026 y 1,8% para 2027, por encima de la media de la eurozona.
Por la fortaleza de la demanda interna, la mayor inversión en energías renovables y el auge de la inversión en inteligencia artificial, según el BCE.
Fuente: Infobae
