

Un nuevo enfoque en el tratamiento del trastorno de pánico está emergiendo con evidencia que respalda la idea de que el ejercicio físico intenso y de corta duración puede ser más efectivo que las técnicas tradicionales de relajación. Un estudio reciente publicado en la revista Frontiers in Psychiatry revela que incorporar sesiones de ejercicio intermitente de alta intensidad durante 12 semanas no solo reduce la frecuencia y gravedad de los ataques de pánico, sino que también mejora significativamente los niveles de ansiedad y depresión en quienes lo padecen.
Este hallazgo representa un cambio en la manera en que se entienden y abordan los ataques de pánico. La investigación, liderada por científicos de la Universidad de São Paulo, propone que el ejercicio puede servir como una forma natural de exposición interoceptiva, un método ampliamente utilizado en la terapia cognitivo-conductual para que los pacientes aprendan a tolerar y reinterpretar las sensaciones físicas que desencadenan los ataques, como un corazón acelerado o dificultades para respirar.
Tradicionalmente, los terapeutas han inducido estos síntomas mediante técnicas artificiales, como hacer que los pacientes giren en una silla o respiren rápidamente, con el objetivo de desmitificar el miedo a dichas sensaciones. Sin embargo, el nuevo estudio sugiere que el ejercicio intenso puede emular eficazmente esas sensaciones en un entorno más natural y agradable, facilitando una mayor aceptación por parte de los pacientes.
El estudio se llevó a cabo con 102 adultos que padecían trastorno de pánico y que no estaban bajo medicación para su condición. Se dividieron en dos grupos: uno practicaba técnicas de relajación muscular progresiva, y el otro participaba en sesiones que combinaban caminatas de 15 minutos con sprints cortos y recuperación activa. Al cabo de seis meses, quienes realizaron ejercicio reportaron una reducción mucho mayor en sus síntomas y mostraron un compromiso más duradero con el tratamiento, en comparación con quienes eligieron las técnicas de relajación.
El autor principal, Ricardo William Muotri, destacó que la practicidad y el disfrute del ejercicio pueden favorecer su continuidad y efectividad. “Los profesionales sanitarios pueden incorporar ejercicios intensos e intermitentes como una estrategia de bajo coste y fácil acceso, que además puede realizarse fuera del ámbito clínico, acercando así la exposición a la vida cotidiana del paciente”, explicó en un comunicado.
Este descubrimiento abre nuevas puertas para quienes sufren de ataques de pánico y buscan métodos más efectivos o complementarios a las terapias tradicionales. Con un enfoque en la tolerancia física y emocional, el ejercicio podría convertirse en una herramienta poderosa para desactivar el ciclo de miedos y reacciones que caracterizan a este trastorno, apuntando a vidas más tranquilas y seguras para quienes lidian con ello.
