

El servicio postal en Dinamarca está atravesando un momento de transformación profundo que marcará un hito en su historia: el cierre de las operaciones de reparto de cartas a finales de 2025, una decisión que responde a cambios tecnológicos y sociales sin precedentes. PostNord, la compañía estatal resultado de la fusión entre las empresas postales de Suecia y Dinamarca en 2009, ha anunciado que dejará de distribuir correspondencia física tras más de cuatro siglos de tradición en el país.
Este cambio radical refleja una caída vertiginosa en el volumen de cartas enviadas. Desde comienzos del siglo XXI, las cifras han disminuido en un 90%, pasando de 1.400 millones en 1998 a apenas 110 millones en el último año. La digitalización ha sido el principal motor de esta transformación. En Dinamarca, el 97% de la población mayor de 15 años está inscrita en MitID, la plataforma digital que permite gestionar desde transferencias bancarias hasta firma electrónica y reservas médicas con un solo clic en el teléfono móvil. Incluso documentos oficiales, como licencias de conducir o tarjetas sanitarias, circulan casi en exclusiva por medios digitales.
La correspondencia tradicional ha dejado de ser eficiente y rentable para el mercado, que ya no justifica la inversión en la distribución física. La demanda de cartas ha disminuido tanto que la corporación admite que ya no resulta sostenible mantener estas operaciones. Kim Pedersen, director gerente de la filial danesa, ha confirmado que la caída en la cantidad de envíos ha hecho inviable la continuidad del servicio. La transición hacia un modelo digital no solo ha reducido el volumen de cartas, sino que también ha llevado a la empresa privada Dao a ampliar sus operaciones de reparto de 30 a 80 millones de envíos anuales a partir de enero de 2026, con opciones de pago y recogida que incentivan la digitalización y hacen que el envío físico sea una opción residual y costosa para los usuarios.
El impacto social de esta decisión no está exento de controversia. La salida del mercado de cartas implica el despido de aproximadamente 1.500 empleados y la retirada de unos 1.500 buzones rojos distribuidos por todo el territorio. Estos buzones, algunos valorados en más de 2000 coronas danesas (unos 268 euros), representan también un patrimonio nostálgico y cultural que atrae a coleccionistas y a quienes aún valoran la tradición postal.
Las autoridades aseguran que la transición a una sociedad digital no alterará significativamente el día a día de la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, organizaciones de personas mayores y representantes políticos expresan su preocupación, especialmente por los adultos mayores y las zonas rurales, donde la conexión y la infraestructura digital aún enfrentan desafíos. Marlene Rishoj Cordes, de la asociación de mayores Aeldre Sagen, resalta la dependencia que muchos todavía tienen de recibir cartas de manera regular, lo que pone en evidencia las desigualdades que la digitalización puede acentuar si no se implementan medidas adecuadas para asegurar la inclusión social.
Mientras el gobierno garantiza que siempre existirá la opción de enviar correspondencia física, siempre que la legislación lo exija, la realidad es que la transformación en el sistema postal danés refleja una tendencia global hacia la digitalización y la desaparición progresiva del sistema tradicional de cartas. Este proceso, inevitable para muchos, avanza con rapidez, dejando atrás siglos de historia postal para dar paso a un futuro cada vez más digitalizado y, tal vez, menos cercano en la forma más ícono de comunicación tradicional.
