

La forma en que cada persona decide cómo vestir en su día a día refleja una combinación de costumbres culturales, comodidad personal y necesidades específicas. Uno de los debates que, aunque parece trivial en apariencia, genera cierta controversia en torno a la ropa interior, es si es recomendable o no prescindir de ella.
Aunque en muchas culturas occidentales usar ropa interior se ha convertido en una norma social casi inalterable, múltiples estudios y testimonios muestran que una proporción significativa de personas opta por no usarla en su rutina diaria. Datos de encuestas recientes, como una realizada en Estados Unidos en 2023, revelan que aproximadamente el 7% de los encuestados afirma nunca usar prendas de ropa interior, mientras que cerca del 10% admite hacerlo con frecuencia. Esta tendencia responde, en gran medida, a motivos de comodidad y bienestar, aunque también despierta dudas sobre posibles riesgos para la salud.
Desde el punto de vista clínico, existe consenso en que no hay una respuesta universal o una recomendación específica que indique que usar o no ropa interior sea perjudicial en términos absolutos. La mayoría de los especialistas coinciden en que, siempre que se mantenga una buena higiene, el riesgo asociado a no usar esa prenda es bajo. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS), por ejemplo, aconseja preferir prendas de algodón, holgadas y cambiarlas diariamente para evitar molestias e infecciones. La higiene, la elección de tejidos naturales y la atención a la ventilación parecen ser aspectos clave para quienes consideran prescindir de la ropa interior.
El argumento principal a favor de eliminarla suele ser la sensación de mayor comodidad y la ventilación que permite. La Dra. Natasha Bhuyan, médica de familia en Arizona, explica que dejar esa prenda puede ayudar a mantener seca y libre de humedad la zona genital, previniendo molestias o infecciones por hongos. Además, recomienda esperar a que la piel esté completamente seca después de actividades como nadar o ducharse para reducir riesgos.
Por otro lado, algunas complicaciones puntuales pueden surgir en ciertos grupos. En mujeres, el uso de tejidos sintéticos, especialmente en climas cálidos o en actividades físicas intensas, puede favorecer un ambiente húmedo que facilite infecciones como hongos o irritaciones. Por ello, se recomienda optar siempre por prendas de algodón y evitar los ajustes excesivos que puedan provocar fricciones y vellos encarnados. En los hombres, estudios sugieren que usar prendas más amplias y de materiales transpirables, como los bóxers, puede beneficiar la salud testicular al mantener temperaturas más adecuadas para la producción de esperma. Sin embargo, estas diferencias no afectan significativamente la fertilidad en quienes tienen una salud reproductiva normal.
Hay situaciones específicas en las que el uso de ropa interior resulta recomendable. Durante actividades deportivas de contacto, por ejemplo, la ropa ajustada y, en el caso de los hombres, el uso de protectores como la copa, ayudan a prevenir lesiones y molestias. Tras cirugías como la vasectomía o en procesos de recuperación, las prendas elásticas o deportivas ajustadas también brindan soporte y comodidad.
El debate no solo abarca la salud física, sino también los aspectos sociales y culturales. La decisión de usar o no ropa interior puede estar influida por normas sociales, preferencias personales y el contexto en el que uno se encuentra. Algunas personas sienten que, en ciertos momentos, abandonar esa prenda les permite sentir mayor libertad, mientras que otros prefieren seguir las convenciones por razones prácticas o de conveniencia, especialmente en espacios públicos o actividades cotidianas.
En definitiva, la elección de usar o no ropa interior es, en gran medida, una decisión personal. Lo importante, desde la perspectiva médica, es mantener una buena higiene, optar por tejidos adecuados y escuchar las propias sensaciones para determinar qué resulta más cómodo y saludable en cada caso.
