
Este jueves, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel confirmó el inicio de conversaciones entre su gobierno y representantes de la administración de Donald Trump, un hecho que hasta ahora se había mantenido en silencio por la parte cubana pese a las insinuaciones previas del expresidente estadounidense. Díaz-Canel subrayó que las negociaciones buscan resolver las diferencias bilaterales a través del diálogo y basadas en el respeto mutuo a los sistemas políticos. Estas declaraciones se produjeron en el marco de una crisis económica persistente y bajo la creciente presión de Washington, al tiempo que La Habana anunció la liberación de 51 presos mediante la mediación del Vaticano, una medida declarada como una expresión de su vocación humanista.
El anuncio público de Díaz-Canel fue parte de una comparecencia televisada que abordó, entre otros temas, la crítica situación energética en Cuba, exacerbada por la falta de petróleo debido a las sanciones estadounidenses. Además, el presidente se refirió al incidente del 25 de febrero donde murieron cuatro personas a manos de los guardacostas cubanos, calificándolo como un intento de infiltración terrorista desde Estados Unidos. Se informó que las autoridades norteamericanas, incluyendo el FBI, estarían involucradas en las investigaciones. Este contexto, junto a los cambios socioeconómicos sugeridos por el cubanoamericano Marco Rubio y la administración Trump, parece delinear un panorama de posibles aperturas, similar al deshielo con Estados Unidos en 2014, aunque la presión interna exige que cualquier negociación contemple amnistías para los presos políticos.
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