La noche del pasado 14 de febrero en Puebla se tiñó de tragedia con una balacera en el bar Sala de Despecho, ubicado en la zona exclusiva de Angelópolis. El incidente dejó tres personas muertas y cuatro heridas, sumiendo a la población en una profunda incertidumbre debido a la disparidad de las versiones ofrecidas por la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) estatal y el Ministerio Público. Mientras la SSP inicialmente atribuyó el ataque a un conflicto entre grupos del crimen organizado, la Fiscalía del Estado sugiere que el asesinato fue premeditado con un mes de antelación, teniendo a uno de los jóvenes como objetivo principal. En el operativo que llevó a la captura de los cuatro presuntos responsables, las autoridades emplearon drones, cámaras de vigilancia y un helicóptero, logrando detener a Gabriel N, Héctor Hugo N, Edwin N y Brayan N un par de horas después de la agresión.
La incertidumbre sobre las causas del ataque ha dado pie a múltiples especulaciones. Algunas versiones apuntan a que Joaquín N o Enrique N eran los objetivos del ataque, mientras que otras sugieren que los agresores confundieron el automóvil en que se transportaban las víctimas. En redes sociales, se ha criticado la narrativa promovida por el Gobierno poblano que sugiere un ajuste de cuentas entre el crimen organizado. Familiares y amigos de los fallecidos han desmentido públicamente que las víctimas estuvieran relacionadas con actividades ilícitas, exigiendo justicia y aclaraciones sobre el ataque. Además, un audio difundido por la madre de un joven que frecuentaba el lugar incrementó las dudas sobre un posible ataque directo, sugiriendo que podría haberse tratado de cobro de piso al bar. La Universidad Iberoamericana de Puebla también se pronunció tras la pérdida de Gisele N, una de sus egresadas, urgendo a las autoridades a esclarecer el crimen y reafirmar su compromiso con la seguridad.
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