Eugenio Domínguez, quien enfrentó acusaciones por parte de sus subordinados de ejercer presión en favor de una empresa investigada por la Unidad Central Operativa (UCO), ha sido recientemente contratado como asesor por la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. A pesar de las controversias, fue designado con un nivel 30, una categoría alta en la administración pública, con el objetivo de facilitar la ejecución de proyectos estancados. Su nombramiento ha suscitado críticas y preocupaciones sobre la transparencia y la ética en la contratación de personal con antecedentes cuestionables, especialmente en un contexto donde las relaciones entre la administración pública y empresas privadas están bajo escrutinio.
En este nuevo cargo, Domínguez deberá enfrentarse al desafío de gestionar y agilizar un portafolio de proyectos medioambientales, una tarea que ha sido reivindicada por la Secretaría como crucial dada la creciente urgencia de abordar cuestiones medioambientales. La decisión de su contratación puede verse como parte de un esfuerzo por incorporar experiencia y conocimiento técnico dentro del organismo, aunque no está exenta de polémicas debido a las alegaciones previas en su contra. Este caso subraya la importancia de la transparencia en las contrataciones públicas y la necesidad de establecer garantías que eviten conflictos de interés en el manejo de asuntos de interés social y ecológico.
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