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Conducta habitual al dormir podría ser indicador tempranero de demencia, revela estudio

Este trastorno nocturno puede presentarse

La demencia es una enfermedad que va mucho más allá del simple envejecimiento y representa un impacto profundo en la vida de quienes la sufren y en su entorno cercano. Aunque tradicionalmente se la vincula con la vejez, los expertos advierten que no debe considerarse exclusivamente como un síntoma de la edad avanzada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aclarado que este conjunto de trastornos neurodegenerativos puede manifestarse en diferentes etapas de la vida, afectando a adultos de distintas edades y no solo a mayores de 65 años.

Este conjunto de enfermedades crónicas se caracteriza por un deterioro progresivo de funciones cognitivas fundamentales, como la memoria, el pensamiento, la comprensión, el uso del lenguaje y la capacidad de razonar. Cuando estos procesos se ven afectados de manera significativa, la calidad de vida del paciente y su autonomía se reducen notablemente, complicando las tareas diarias y el vínculo con el entorno.

Una de las áreas en las que los investigadores ponen especial atención es la relación entre los trastornos del sueño y la aparición de demencia. Estudios recientes indican que ciertos problemas para dormir pueden ser un primer signo de posibles desarrollos neurodegenerativos. Específicamente, el trastorno de conducta del sueño REM aislado (iRBD, por sus siglas en inglés) ha emergido como un posible marcador temprano de la enfermedad de Parkinson y la demencia. Este trastorno se caracteriza por la pérdida de la parálisis muscular que suele acompañar la fase REM del sueño, durante la cual normalmente los músculos permanecen en reposo.

Las personas con iRBD pueden representar sus sueños físicamente, lo que a menudo se manifiesta en conductas inusuales durante las horas de sueño, como gritos, movimientos bruscos, patadas o incluso golpes hacia quienes comparten la cama. Estas conductas pueden parecer reacciones normales a sueños intensos, por lo cual en una primera instancia muchas personas no las toman en cuenta. Sin embargo, la persistencia y la intensidad de estos episodios suelen motivar consultas médicas, ya que pueden representar un riesgo tanto para el propio paciente como para quienes duermen con él.

Investigaciones realizadas en Corea del Sur han reafirmado la importancia de estos síntomas nocturnos como un posible predictor de futuras enfermedades neurodegenerativas. Un estudio que analizó a 198 pacientes con iRBD reveló que, incluso sin otros signos claros de demencia o Parkinson, estos individuos presentaban en promedio una reducción en funciones cognitivas clave, como atención, memoria de trabajo y procesamiento de información. La caída en estas habilidades se hacía más evidente al analizar diferentes pruebas neuropsicológicas y, en muchos casos, se detectaba un deterioro cognitivo gradual a lo largo del tiempo.

El diagnóstico precoz de estos problemas permite a los profesionales de la salud monitorear con especial atención la evolución cognitiva, haciendo un seguimiento cercano que facilite identificar cambios sutiles. La identificación temprana se vuelve fundamental para intervenir en momentos en los que aún la enfermedad no se ha consolidado, ofreciendo así mayores posibilidades de mantener la calidad de vida por más tiempo.

Por otra parte, la investigación también apuntó a diferencias en cómo progresa el deterioro cognitivo en hombres y mujeres, sugiriendo que los controles y las estrategias de seguimiento deberían ser personalizados según el sexo. Esto con la finalidad de optimizar la eficacia de las intervenciones y ofrecer una atención más ajustada a las necesidades individuales de cada paciente.

La evidencia presentada también indica que muchas de estas conductas nocturnas pueden pasar desapercibidas en sus primeras fases, lo que subraya la importancia de la conciencia sobre estos síntomas y la necesidad de realizar controles regulares incluso en personas que no hayan presentado signos de patologías neurológicas mayores aún. La evidencia científica enfatiza que detectar y entender estos primeros indicios puede marcar la diferencia en la prevención y en la planificación de tratamientos futuros.

El hallazgo de estas relaciones entre trastornos del sueño y deterioro cognitivo ha abierto un importante camino en la lucha contra las enfermedades neurodegenerativas. La vigilancia y el monitoreo sistemático de pacientes con antecedentes o síntomas relacionados con el iRBD podrían ser fundamentales para prevenir complicaciones mayores, minimizando el impacto en la calidad de vida de quienes están en riesgo.

Este enfoque preventivo no solo ayuda a detectar posibles patologías antes de que se vuelvan severas, sino que también fortalece la investigación en el entendimiento de los mecanismos que llevan a estas enfermedades. La comunidad científica continúa trabajando para afinar las estrategias de diagnóstico y tratamiento, con la esperanza de ofrecer a los pacientes una mejor calidad de vida en las etapas más tempranas de sus condiciones.

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