El conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos ha evidenciado la disparidad en los costos de la guerra, especialmente en lo que respecta al uso de drones. Irán ha recurrido a sus conocidos drones Shahed, que tienen un costo de entre 20,000 y 50,000 dólares, para lanzar más de 2,000 ataques contra objetivos militares estadounidenses y aliados en el Medio Oriente. Estos drones, que son difíciles de detectar y pueden ser lanzados en oleadas, están poniendo a prueba las capacidades defensivas de sus adversarios, quienes se enfrentan a costes descomunales al intentar interceptarlos. Se estima que la defensa con misiles Patriot de EE. UU., cuya interceptación cuesta hasta 4 millones de dólares por unidad, ha generado a Washington unos 2,000 millones de dólares en gastos.
Además, la eficacia de los drones Shahed ha llevado a Estados Unidos a solicitar la ayuda de Ucrania, que ha tenido experiencia en neutralizar estos artefactos en el contexto de la guerra con Rusia. Irán utiliza variantes de drones que pueden llevar cargas explosivas de hasta 90 kilogramos y alcanzar un rango de hasta 2,500 kilómetros, lo que les permite ser lanzados desde diversas ubicaciones dentro del país. Ante el creciente impacto de estos drones, EE. UU. ha comenzado a desarrollar su propio modelo, llamado LUCAS, un sistema de combate no tripulado de bajo costo, con el objetivo de competir en la creciente amenaza que representan los drones iraníes.
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