

China ha estado implementando una estrategia financiera que ha capturado la atención de los mercados globales: la consistente reducción de su inversión en deuda pública estadounidense y paralelamente, el aumento de sus reservas de oro. Este movimiento, aunque claro en sus cifras, ha sido tema de debate entre analistas, que discrepan sobre las motivaciones estratégicas detrás de estas decisiones.
En mayo de 2026, China mantenía bonos del Tesoro estadounidense valorados en 659.300 millones de dólares, una cantidad que representa aproximadamente la mitad de los 1,32 billones que tenían en su punto máximo en 2013. En contraste, el Banco Popular de China ha incrementado de forma sostenida sus reservas de oro, alcanzando las 2.346 toneladas en junio del mismo año, marcando así 20 meses consecutivos de adquisiciones de este metal precioso.
Este viraje en la política de reservas chinas no indica, sin embargo, un intercambio directo entre Treasuries y oro. Los analistas subrayan que, aunque los gráficos en redes sociales sugieren una sustitución directa de deuda estadounidense por oro, la realidad es más matizada. El oro, a diferencia de los bonos, es un activo físico que no conlleva riesgo de crédito asociado, un punto que refuerza su atractivo para los bancos centrales.
La preocupación mundial en torno a la seguridad de las reservas se intensificó tras las sanciones impuestas a Rusia en 2022, que elevaron el perfil del riesgo de sanciones en reservas soberanas. Este contexto ha fomentado una mayor tendencia a la diversificación por parte de las economías emergentes, aunque el declive en tenencias de bonos del Tesoro por parte de China comenzó mucho antes de 2022.
El creciente interés por el oro a nivel global es palpable. Según el World Gold Council, los bancos centrales han estado adquiriendo oro a un ritmo promedio anual cercano a las 1.000 toneladas en los últimos años, casi duplicando el promedio de la década anterior. No obstante, 2025 marcó un descenso en este frenesí de adquisición, con compras que alcanzaron 863 toneladas, una cifra aún significativamente superior a la media entre 2010 y 2021.
Con el oro superando en valor a las reservas en bonos del Tesoro en 2025, alcanzando cifras cercanas a los 4,5 billones de dólares, el metal precioso ha reafirmado su posición en las carteras de reservas nacionales. Esta revalorización responde en parte al aumento del precio del oro, que alcanzó un máximo histórico de 5.595 dólares por onza antes de corregir a un nivel de 4.345 dólares en agosto de 2026.
A pesar de estos cambios, el dominio del dólar como moneda de reserva no parece amenazado de inmediato. Mientras China reduce su exposición a los Treasuries, las tenencias extranjeras de deuda estadounidense alcanzan niveles récord. Este escenario resalta la estrategia de diversificación de China más que un intento por destronar al dólar, sugiriendo en cambio una intención de reducir la dependencia de un único tipo de activo de reserva mientras se afianza en un recurso que no está atado a emisores extranjeros.
En un contexto de crecientes interacciones geopolíticas y financieras, China, al igual que otras naciones, se encuentra adaptando sus estrategias de reserva a un mundo caracterizado por incertidumbre y volatilidad, buscando asegurar su posición en el escenario económico global en constante evolución.
