
En la televisión española, José Mota es sinónimo de Nochevieja, reflejado en su ya vigesimoquinto especial anual llamado «El juego del camelar». Inspirado en la popular serie coreana «El juego del calamar», Mota presenta un espectáculo con sketches que varían en calidad, pero que mantienen su compromiso por no plegarse a las tendencias del poder político. Con una trama donde los políticos participan en un juego siniestro a cambio de votos, Mota logra combinar comedia y crítica social. Aunque el cierre del programa con un toque emotivo no alcanzó el impacto esperado, se aprecia su esfuerzo por desafiar lo establecido, respetando al público independientemente de sus inclinaciones políticas.
Por otra parte, «Cachitos» de La 2 continúa disfrutando la preferencia de los televidentes menores de 60 años. Este año, con un formato renovado, el programa reintrodujo la música de los 2000 con su estilo característico, aunque algunos cuestionan la repetitiva fórmula de sus presentaciones y la aparente adoración hacia el poder de turno. Su producción, en colaboración con una empresa privada, nos trajo actuaciones nostálgicas de artistas como King África y Las Ketchup. A su vez, RTVE apostó por la música en directo con «La Casa de la Música», destacando una expectante actuación de Ana Torroja y el regreso de Amaia al frente de La Oreja de Van Gogh, aunque grabada. Mientras, las campanadas de fin de año se distribuyeron entre TVE, Telecinco y Antena 3, donde de nuevo, la tradición se entrelazó con las modernas infiltraciones del marketing digital, reforzando el omnipresente mensaje de que, en el mundo televisivo, todo parece valer.
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