
El accidente de tren ocurrido en Adamuz, Córdoba, ha centrado la atención en el estado de la infraestructura ferroviaria española, después de que el descarrilamiento de un tren de alta velocidad de la compañía Iryo provocara un fatal choque con un tren Alvia de Renfe, resultando en la muerte de 45 personas y numerosos heridos. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ha focalizado su análisis en la posible fractura de un carril antes del paso del Iryo. Este raíl, recientemente instalado como parte de una renovación de la línea Madrid-Sevilla, fue fabricado por ArcelorMittal en 2023 y soldado con un carril en uso del año 1992 o de renovaciones posteriores. Esta soldadura —unión aluminotérmica— es una práctica regulada bajo normas de seguridad que garantizan al menos tres años de funcionalidad. Sin embargo, las investigaciones preliminares sugieren que la soldadura podría haber fallado, contribuyendo al desastre.
Las investigaciones continúan para identificar si un defecto de fábrica pudo influir en la rotura del carril recién instalado, lo que ha llevado a la revisión de todo el lote de 200 toneladas producido en 2023. Óscar Puente, ministro de Transportes, ha dado detalles de los raíles involucrados y ha defendido la calidad del proceso de renovación, el cual fue adjudicado a un grupo de prominentes empresas constructoras. Las críticas no han tardado en llegar, con el Partido Popular pidiendo la dimisión inmediata de Puente, alegando mala gestión por parte del gobierno en este trágico incidente. Mientras tanto, Adif y otros implicados en el proceso de renovación se encuentran bajo escrutinio mientras se espera un informe final que clarifique las causas y posibles negligencias en el proyecto de modernización de la infraestructura ferroviaria.
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