
Durante el siglo XX, la Patagonia argentina experimentó una transformación significativa con la desaparición de depredadores como los pumas y zorros, facilitando la expansión de la ganadería ovina. Sin embargo, esta ausencia también permitió la proliferación de las colonias de pingüinos de Magallanes en el continente. En la actualidad, un esfuerzo por restaurar la fauna ha permitido el regreso de los pumas a un ecosistema alterado, generando nuevas dinámicas que incluyen la depredación de grandes cantidades de pingüinos, según una investigación realizada en el Parque Nacional Monte León. Este fenómeno ha llevado a una densidad sin precedentes de pumas, lo cual está transformando su comportamiento y generando interacciones sociales inusuales para la especie, sugiriendo una mayor tolerancia entre los felinos que tradicionalmente son solitarios.
El estudio, respaldado por monitoreos con collares GPS y cámaras trampa, revela que el regreso de los pumas y su interacción con los pingüinos configura «puntos calientes» que modifican el comportamiento de los depredadores. Aunque los pingüinos son un recurso estacional, su presencia durante buena parte del año permite que los pumas mantengan una alta densidad poblacional. Cuando las aves migran, los felinos recurren a otros animales como los guanacos, lo que equilibra la dinámica depredadora. Los investigadores comparan este fenómeno con patrones observados en otras partes del mundo, como los osos y los salmones. El resurgimiento de los pumas plantea interrogantes sobre el efecto en el ecosistema, especialmente en la relación con los guanacos, destacando la complejidad de restaurar la fauna ancestral en un contexto contemporáneo transformado.
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