En la mañana del martes, Islamabad, la capital de Pakistán, fue escenario de un trágico atentado suicida que dejó al menos 12 muertos y 27 heridos cerca de un tribunal de distrito. El ataque fue reivindicado por la facción Jamaat-ul-Ahrar, un grupo disidente de los talibanes paquistaníes, mientras que el Tehreek-e-Taliban Pakistan se desvinculó del mismo. Las autoridades identificaron al terrorista que intentó entrar en la sede judicial a pie antes de detonar el explosivo cerca de un vehículo policial. Imágenes mostraban la escena caótica, con cuerpos junto a una furgoneta policial. Según el ministro del Interior, Mohsin Naqvi, el incidente podría tener vínculos con Afganistán, lo que ha generado tensiones adicionales entre ambos países.
Horas después, un segundo ataque sacudió un colegio militar en Waziristán del Sur, dejando al menos tres muertos y 500 cadetes atrapados. Este atentado fue atribuido al Tehreek-e-Taliban Pakistan, y según las autoridades, los atacantes, que incluían a un ciudadano afgano, fueron abatidos tras intentar irrumpir en el recinto. El Gobierno paquistaní ha señalado la participación de Afganistán, aumentando las fricciones con Kabul. Este incidente forma parte de un aumento en la violencia insurgente desde el regreso de los talibanes afganos al poder en 2021, con Islamabad acusando a Kabul de dar refugio a milicianos del TTP. La situación en la frontera ha escalado en las últimas semanas, produciendo decenas de víctimas fatales.
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