El aeropuerto internacional Diori Hamani de Niamey, capital de Níger, fue escenario de un violento ataque terrorista en la madrugada del jueves, afectando a tres aviones comerciales. Aunque ningún grupo ha reclamado la autoría, las sospechas recaen en organizaciones yihadistas activas en la región, como el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) y la Provincia del Estado Islámico del Sahel. Según testigos, el ataque incluyó explosiones y disparos que resonaron durante dos horas, mientras que videos en redes sociales evidencian el uso de proyectiles desde tierra y defensas antiaéreas. En respuesta, el ejército nigerino bloqueó el acceso al aeropuerto, y se suspendieron los vuelos con destino u origen en Niamey. Entre los aviones afectados, dos pertenecen a la compañía togolesa Asky, y uno a Air Côte d’Ivoire, impactado por varias balas.
El contexto de violencia en Níger se enmarca en una constante insurgencia yihadista que también impacta a sus vecinos Malí y Burkina Faso. En 2023, una junta militar encabezada por el general Abdourahamane Tiani tomó el poder tras un golpe de Estado, expulsando a las fuerzas francesas y reemplazándolas con mercenarios del grupo Wagner, ahora Africa Corps. Sin embargo, los esfuerzos conjuntos de los gobiernos militares de Níger, Malí y Burkina Faso en contra de los violentos grupos yihadistas no han logrado estabilizar la región. La inseguridad persiste, con ataques recientes que cobijan a varias ciudades bajo la amenaza de los yihadistas y causan numerosas bajas. La falta de acceso a territorio en conflicto y la expulsión de periodistas dificultan la verificación de los hechos, aumentando la incertidumbre sobre la efectividad de las operaciones militares en el terreno.
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