

El aumento en las bajas médicas y el absentismo laboral en España ha alcanzado niveles históricos en los últimos años, principalmente tras el impacto de la pandemia. Según un informe reciente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), entre 2017 y 2024, los episodios de incapacidad temporal han experimentado un incremento cercano al 60%, mientras que la duración media de estos procesos se ha extendido en torno a un 15%. Estos datos reflejan una tendencia preocupante que ha suscitado debates sobre las causas y las posibles soluciones.
Una de las principales propuestas de la AIReF apunta a intensificar el control y seguimiento de las bajas médicas a través del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS). La finalidad es reducir las ineficiencias, especialmente en casos donde las ausencias se repiten con frecuencia, y evitar posibles abusos del sistema. Además, el análisis se ha centrado en perfiles específicos que predominan en las solicitudes de incapacidad, revelando patrones que ofrecen una visión más clara del fenómeno.
Uno de los factores que más influyen en las solicitudes de bajas médicas es el historial previo de salud. La probabilidad de que un trabajador inicie una nueva incapacidad se triplica si ha estado de baja en el año anterior, con un aumento estimado del 250%. Esto sugiere que muchas de estas ausencias responden a problemas de salud crónicos, condiciones laborales persistentes o dificultades para una recuperación completa, concentrando en gran medida los episodios en un grupo reducido de empleados.
El estudio también evidencia diferencias significativas según el tamaño de la empresa. Los empleados en grandes corporaciones tienen un 81% más de probabilidades de solicitar una baja que aquellos en pequeñas y microempresas. En promedio, alrededor del 21% de los trabajadores en grandes empresas presentan una incapacidad temporal, comparado con el 16,9% en pymes y solo el 9% en microempresas. Esta disparidad podría estar relacionada con las condiciones laborales, la cultura organizacional o la disponibilidad de recursos preventivos y de asesoramiento en salud.
El nivel salarial también resulta ser un factor relevante. Curiosamente, las personas con salarios medios tienen un 52% más de probabilidad de solicitar una baja que quienes ganan menos, rompiendo con la percepción de que las bajas afectarían principalmente a los sectores de menor remuneración. Esta tendencia podría reflejar condiciones laborales más exigentes o mayores expectativas de recuperación en ciertos perfiles profesionales.
El análisis por género y grupo de edad revela además disparidades notorias. Los menores de 40 años muestran un 20% más de probabilidad de entrar en un periodo de incapacidad, siendo las mujeres de ese rango de edad particularmente vulnerables. Las solicitudes de bajas en las jóvenes mujeres (16 a 25 años) han experimentado un incremento del 45% desde 2017, alcanzando una tasa de 57,2 bajas por cada 1.000 afiliaciones en 2024. Por su parte, los hombres en esa misma fracción de edad también han visto un aumento, aunque más moderado.
En términos de duración, las mujeres tienden a tener bajas médicas más prolongadas en la mayoría de los grupos de edad, aunque a partir de los 55 años, la tendencia cambia y los hombres registran un mayor tiempo de incapacidad en promedio, con un incremento del 17,8% en su duración media, en comparación con un 12,6% en las mujeres. Los períodos intermedios, entre 35 y 45 años, mantienen duraciones relativamente estables, rondando entre 38 y 43 días.
Las enfermedades que conducen a incapacidades temporales también varían según la edad. En casos de dolencias musculoesqueléticas, el riesgo de solicitud aumenta con la edad, mientras que en patologías infecciosas, respiratorias o digestivas, la incidencia decrece en los mayores. Las trastornos mentales, en cambio, afectan principalmente a quienes tienen entre 30 y 40 años, siendo estas patologías las que generan las bajas más largas, con una media de casi 100 días en 2024.
Estos datos evidencian la complejidad del fenómeno de las bajas médicas en España, que combina factores clínicos, laborales y sociales. La creciente figura de las incapacidades temporales plantea desafíos tanto para la gestión del sistema de salud como para las empresas y los propios trabajadores, en un contexto en el que mejorar la prevención y el seguimiento resulta fundamental para reducir el impacto económico y social de esta tendencia.
