
En el brillante marco del Día de la Fiesta Nacional, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, se unió a los monarcas en una celebración repleta de simbolismo y orgullo. El evento, que contó con la ferviente participación de miles de ciudadanos, tuvo como eje central el homenaje a la bandera nacional y el tradicional desfile militar, todo ello presidido por los reyes junto a la presencia de la princesa de Asturias y la infanta Sofía.
El desfile comenzó en la emblemática glorieta del Emperador Carlos V, en Atocha, y recorrió el majestuoso paseo del Prado, antes de transitar por la plaza de Cibeles y continuar su marcha por el paseo de Recoletos hasta alcanzar la plaza de Colón. Uno de los momentos más sobresalientes fue el emocionante salto de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire y del Espacio, quienes desplegaron la bandera nacional en los cielos madrileños, antes de proceder al ceremonial izado de la enseña en honor a aquellos que han dado todo por España.
Este año, la dimensión del desfile fue impresionante, con la participación de 4.380 efectivos pertenecientes a las Fuerzas Armadas, Guardia Civil y Policía Nacional. El espectáculo aéreo sumó 46 aeronaves, que incluyeron aviones de caza, de enseñanza y de transporte, acompañados por más de treinta helicópteros. El despliegue terrestre no se quedó atrás, con una exhibición que integró 144 vehículos, 39 motos, cerca de 300 caballos y cinco perros de diversas unidades.
Demostrando su compromiso con la ciudadanía madrileña, el Ayuntamiento de Madrid, bajo la dirección de Martínez-Almeida, ofreció gratuitamente más de un millar de plazas en gradas y sillas dispuestas estratégicamente a lo largo del paseo de Recoletos, desde la plaza de Cibeles hasta la calle de Prim. Además, se garantizó la accesibilidad con la habilitación de dos áreas especiales para personas con movilidad reducida, situadas en la confluencia de la plaza de Cibeles con el paseo del Prado.
Concluido el desfile, el alcalde fue parte de la recepción ofrecida por los reyes en el histórico Palacio Real, una reunión que cerró la jornada con una nota de solemnidad y camaradería, celebrando no solo el pasado y presente, sino también el futuro conjunto de España.
