En un escenario que sacude los cimientos de la política y la economía alemanas, Volkswagen, el gigante automovilístico del país, se enfrenta a una de las crisis más agudas de su historia debido a una drástica caída de las ventas en China. La empresa ha reportado una disminución del 70% en sus beneficios, desencadenando temores de cierres de fábricas y despidos masivos, y amplificando las tensiones en una economía que ya está en recesión técnica. Paralelamente, el gobierno de coalición liderado por el socialdemócrata Olaf Scholz atraviesa su propia crisis, con los partidos integrantes (SPD, Verdes y Liberales) atrapados en un letargo de desacuerdos que impide la adopción de sólidas políticas económicas para enfrentar estos desafíos. La coalición, bautizada como «semáforo» por sus colores, se muestra ineficaz; las reuniones separadas entre el canciller y sus ministros reflejan las profundas diferencias sobre cómo gestionar la crisis y las prioridades del país, lo que ha llevado a una caída en picado en las encuestas para todos los partidos de la coalición.
En el ámbito político, las turbulencias internas y externas han dejado a Scholz en una posición frágil, descrita por algunos como un «pato cojo». Las recientes elecciones en diferentes Länder han resaltado el crecimiento de la ultraderecha, mientras que los sondeos muestran una dramática caída de los partidos de gobierno. Con los liberales al borde de perder su representación parlamentaria y los socialdemócratas detrás de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), la perspectiva de unas elecciones anticipadas comienza a ganar fuerza, aunque expertos como Miguel Otero Iglesias consideran que la estabilidad es un valor fundamental para Alemania. Sin embargo, este ambiente de incertidumbre y desunión en la coalición no solo perjudica la imagen interna del país, sino que también afecta su papel en política exterior, limitando alianzas estratégicas como la que podría haberse fortalecido con Polonia, un socio crucial en el contexto europeo actual. Con la legislatura actual en cuenta regresiva, Scholz y su gobierno enfrentan meses cruciales que determinarán no solo su futuro político, sino también el de la potencia económica europea.
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