La teoría de las estelas químicas, o «chemtrails», sostiene la falsa creencia de que las estelas de condensación dejadas por los aviones son en realidad una estrategia de rociado de productos químicos o biológicos con propósitos ocultos. A pesar de los numerosos esfuerzos de pilotos y expertos en aviación para desmentir esta noción, la desinformación persiste. En un reciente pódcast, la piloto profesional Savina Paül, quien opera un Airbus A330 en rutas transoceánicas, refutó estas teorías con ironía, afirmando que su trabajo ya es suficientemente demandante sin la necesidad de «fumigar» a la gente desde el aire.
Paül argumentó que si existiera algún tipo de actividad encubierta relacionada con el rociado de sustancias, sería extremadamente difícil de mantener en secreto debido a los rigurosos controles de seguridad que rigen la aviación civil y comercial. Además, explicó que las estelas que observamos son producto de un fenómeno físico: un remolino de aire que, al enfriarse, genera una nube temporal que eventualmente se disipa. Al ser preguntada sobre la posibilidad de avistar fenómenos no identificados desde su experiencia como piloto, Paül reafirmó su escepticismo, señalando que el cielo está repleto de satélites y otras estructuras, pero nunca ha visto un ovni.
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