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Viviendo en la cima: la experiencia única desde el piso 40 del rascacielos residencial más alto de Bélgica

Interior de un salón amueblado con ventanales que dan a una vista urbana de Bruselas con el Atomium al fondo durante el atardecer.

Vivir a 140 metros sobre el nivel del río y disfrutar de una vista panorámica del skyline de Bruselas puede parecer una fantasía, pero para Albert, de 63 años, y su esposa Hilde, esa realidad se convirtió en su hogar hace tres años. La pareja, enfermeros del Hospital Universitario de Lovaina, logró cumplir un sueño que parecía inalcanzable: adquirir un apartamento en la planta 40 de la imponente UP-site Tower, un rascacielos residencial que se convirtió en símbolo de modernidad y sostenibilidad en la capital belga.

Construida entre 2011 y 2014 en un proyecto que prometía ser el más alto de Bélgica, esta torre de 42 plantas alberga 251 viviendas y representa una de las muestras más destacadas de la arquitectura contemporánea en Bruselas. Su diseño esbelto en tonos blancos y grises no solo destaca por su estética, sino también por su compromiso con la eficiencia energética, pues incorpora tecnologías que reducen el consumo de energía hasta en un 45%. La estructura se enfrentó a desafíos climáticos particulares, especialmente los fuertes vientos de la ciudad, los cuales requirieron de soluciones técnicas avanzadas como la instalación de más de 3.000 soportes ajustables de la firma Eterno Ivica, que aseguran la estabilidad de sus terrazas y pavimentos flotantes.

El interior de la torre refleja una apuesta por la innovación y la sustentabilidad, con terrazas reforzadas y una estructura diseñada para resistir las inclemencias del clima. La tecnología utilizada permitió levantar pavimentos flotantes hasta 25 centímetros, creando espacios sólidos y elegantes en altura. La comunidad que habita esta vertical ciudad, que cuenta con casi 1.000 residentes, ha sabido mantener un ambiente cercano y amigable, con un sistema de gestión eficiente a través de plataformas digitales como WhatsApp, que facilita la comunicación y el mantenimiento del edificio. La seguridad y la convivencia se perciben como prioridades, y los vecinos suelen destacar la cordialidad que caracteriza a la comunidad.

Para Albert y Hilde, el cambio fue rotundo. De dejar atrás una casa de 190 m² con jardín en Lovaina, pasaron a habitar en un apartamento de 84 m² en un edificio que ofrece vistas que, en noches despejadas, parecen tocar el cielo. Albert recuerda la primera vez que entró a su apartamento: «Vi lo que llamo el ‘pequeño Manhattan’ desde mi ventana y supe que era exactamente lo que quería». La posibilidad de contemplar el skyline europeo, incluso llegar a distinguir otras ciudades como Amberes, se convirtió en un beneficio cotidiano que, asegura, no tiene precio.

A pesar de las incomodidades inherentes a vivir en un piso tan alto, como la tardanza del ascensor o el tener que planificar las salidas dependiendo del clima, los residentes consideran que las vistas y la sensación de libertad compensan cualquier inconveniente. La noche, en particular, ofrece un espectáculo único: “Solo vemos el cielo y las estrellas desde aquí arriba; a veces, ni un solo edificio interrumpe esa vista. Cuando me acuesto y miro hacia el techo, la belleza del cielo nocturno me fascina tanto que me resulta difícil dormir”, confiesa Albert.

El distrito del canal de Bruselas, donde se ubica la torre, ha experimentado una notable transformación en los últimos quince años. De ser una zona predominantemente industrial y sin mucha atracción, hoy se presenta como un barrio de moda, con una oferta cultural y social que continúa en expansión. Albert comenta que, con el tiempo, esa área se ha convertido en un lugar mucho más agradable y dinámico, lo que también ha contribuido a aumentar el valor de las propiedades en altura.

El perfil de sus residentes es principalmente de expatriados y profesionales acostumbrados a vivir en grandes complejos residenciales, lo que favorece un ambiente de comunidad saludable y seguro. La gestión del edificio, que se realiza de manera eficiente y transparente, permite que las relaciones entre vecinos fluyan con naturalidad y cordialidad, fortaleciendo el sentido de pertenencia en ese entorno vertical.

Los costos y la inversión también jugaron un papel fundamental en la decisión de Albert y Hilde. La adquisición en una venta pública se realizó a un precio ventajoso, estimado en unos 375.000 euros en la planta 38, lo que resultó ser una alternativa más rentable y práctica que mantener una casa en la ciudad, dada la carga de gastos que ello implicaba. Para ellos, los beneficios no solo radican en las vistas, sino también en la relación calidad-precio y la comodidad de vivir en una infraestructura moderna y bien equipada.

Por otra parte, vivir en las alturas presenta ciertos pequeños retos. La ausencia de una terraza propia obliga a acostumbrarse a depender del ascensor y a tener en cuenta las condiciones climáticas antes de salir. Pero, en la balanza, las vistas nocturnas y las panorámicas diurnas parecen quitar peso a esas molestias: “Cuando estoy sentado en mi sillón, solo puedo mirar al cielo y a los edificios que se extienden ante mí. Es como tener la ciudad en la palma de la mano”, dice Albert.

Mientras tanto, la percepción del entorno urbano también ha cambiado para los residentes. La zona aledaña al canal, que en el pasado era un lugar oscuro y poco encantador, se ha transformado en uno de los destinos más de moda en Bruselas, con cafeterías, galerías y espacios culturales que cada año atraen a más visitantes y habitantes. Albert prevé que esta tendencia continuará, y expresa que la tendencia de vivir en altura será cada vez más común, impulsada por los crecientes precios de la vivienda y la escasez de terrenos disponibles para construcción.

En definitiva, la historia de Albert y Hilde ilustra cómo la vida en las alturas no solo es posible, sino que también puede convertirse en una experiencia enriquecedora y llena de encanto. Desde ventanas que ofrecen vistas infinitas hasta comunidades cerradas que brindan seguridad y calidez, este tipo de residencias representa hoy una alternativa real y atractiva para quienes buscan un balance entre modernidad, sostenibilidad y calidad de vida en una ciudad europea en constante cambio.

Mariana G.

Mariana G. es una periodista europea y editora de noticias de actualidad en Madrid, España, y el mundo. Con más de 15 años de experiencia en el campo, se especializa en cubrir eventos de relevancia local e internacional, ofreciendo análisis profundos y reportajes detallados. Su trabajo diario incluye la supervisión de la redacción, la selección de temas de interés, y la edición de artículos para asegurar la máxima calidad informativa. Mariana es conocida por su enfoque riguroso y su capacidad para comunicar noticias complejas de manera clara y accesible para una audiencia diversa.

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