
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, se ha desplazado a Puerto Rico para reunirse con tropas y oficiales del Mando Sur, en un momento de elevadas tensiones en la región caribeña y latinoamericana. Este desplazamiento coincide con la reciente decisión de Washington de incluir al cartel de los Soles, presuntamente encabezado por Nicolás Maduro, en su lista de organizaciones terroristas extranjeras, agudizando las sospechas sobre posibles acciones militares en territorio venezolano. La presencia de aproximadamente 15,000 soldados estadounidenses en el Caribe, bajo el mando de este comando desde agosto, forma parte de un importante despliegue teóricamente dirigido a combatir el narcotráfico. Sin embargo, fuentes oficiales del gobierno venezolano y algunos expertos creen que el verdadero objetivo es presionar para la caída del gobierno de Maduro.
La situación se complica aún más con la incorporación del portaaviones Gerald Ford a la flotilla naval estadounidense, que hasta ahora ha hundido varias narcolanchas en acciones consideradas extrajudiciales y cuestionadas por defensores de derechos humanos. A esto se suma la intensificación de las acusaciones de Washington relacionando a Maduro con el tráfico de drogas desde y a través de Venezuela. En medio de estas tensiones, el presidente Donald Trump ha mostrado disposición para dialogar con el régimen chavista, pero simultáneamente ha advertido sobre una posible «segunda fase» de la campaña militar. Mientras tanto, el Departamento del Tesoro ha sancionado al cartel de los Soles, y la administración estadounidense ha duplicado la recompensa por la captura de Maduro, catalogado como líder del «narcoterrorismo». Por precaución, varias aerolíneas internacionales han suspendido sus vuelos sobre el espacio aéreo venezolano, alimentando la incertidumbre regional.
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