

En las últimas semanas, el Estado español ha sido testigo de un incremento alarmante en el número de asesinatos de género. Doce mujeres han sido asesinadas recientemente, sumando ya un total de 16 víctimas en lo que va del año, lo que incrementa a 2.141 el número de asesinatos machistas desde 2003. Estos no son hechos aislados, sino la representación de una violencia estructural que continúa cobrándose vidas mientras las estrategias actuales parecen ser insuficientes para detener la tragedia.
Es importante recordar y mantener presentes los nombres de las víctimas: Vanessa, Victoria H., María Belén Fernández, Heitrum Hellwig, Ana María Sorribas, María José Bou Valenzuela, Petronila B. F., Tatiana Rodríguez, y otras cuatro mujeres cuya identidad se preserva por respeto a sus familias. Cada una de ellas representa una historia de vida violentamente interrumpida.
La violencia machista tampoco perdona a los más pequeños. En lo que va de año, también se han registrado asesinatos de menores, entre ellos Álex, de 13 años, y Yared, de 10 años. Este sombrío panorama ilustra que la violencia no se limita a las mujeres adultas, sino que también golpea a la infancia, dejando a al menos quince menores directamente afectados: niños que presenciaron los hechos, convivieron con los agresores o ahora deben crecer sin la presencia materna.
Se evidencia que, a pesar de las denuncias previas, órdenes de alejamiento activas, antecedentes registrados y valoraciones de riesgo en sistema, las medidas no fueron suficientes para salvaguardar a las víctimas. Ante esta realidad, se hace urgente revisar las herramientas existentes y reforzar la prevención desde la raíz del problema.
La violencia machista no es un problema individual, sino una cuestión colectiva que demanda respuestas integrales y sostenidas en el tiempo. La prevención debe estar en el centro de nuestras agendas, traduciéndose en educación, sensibilización y una transformación social que cuestione y desmantele los fundamentos que sostienen esta violencia.
Desde la Confederación General del Trabajo (CGT) se lanza un llamamiento contundente: se requiere protección inmediata y especializada para las víctimas, junto con medidas efectivas para enfrentar todas las formas de violencia machista. Se demanda asimismo una prevención real a través de la educación y formación, recursos y apoyo adaptados a diversas realidades, adecuado financiamiento de los programas y una aplicación efectiva de las leyes vigentes.
A medida que se acerca el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la lucha contra la violencia machista resurge como prioridad en nuestras reivindicaciones. Esta fecha, al igual que el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, son momentos clave para visibilizar una lucha que debe ser continua. Las movilizaciones y la participación colectiva son pasos imprescindibles hacia una sociedad libre de violencia de género. La transformación social está en manos de todos.
Fuente: CGT
