
Las tensiones entre Estados Unidos y Europa sobre la soberanía de Groenlandia han alcanzado un nuevo nivel tras el interés expresado por la administración Trump en adquirir la isla, lo que ha llevado a los socios europeos a coordinar una respuesta. Ante las intimidaciones del presidente norteamericano, el ministro de Exteriores francés, Jean Noel Barrot, afirmó que «Groenlandia no está a la venta» y destacó la importancia de una respuesta conjunta entre los países europeos ante cualquier forma de agresión. Este contexto se produce en medio de un cambio de tono por parte de Washington, que ha pasado de hablar de una posible intervención militar a considerar la «compra» del territorio, que es autónomo pero depende de Dinamarca.
Los países europeos, especialmente Francia y Alemania, están atentos a los movimientos de Trump, quien ha insistido en que EEUU «necesita Groenlandia por razones de seguridad». A pesar de la retórica beligerante, algunos gobernantes europeos piden calma y evitar «escenarios apocalípticos», mientras que otros sugieren que Europa necesita actuar de forma unida en este asunto. La incertidumbre sobre qué acciones tomaría la Unión Europea en caso de un ataque militar estadounidense, incluso la posibilidad de invocar el artículo 42.7 del Tratado de la UE para asistir a Dinamarca, añade una capa adicional de complejidad a una situación ya tensa.
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