A punto de cumplirse 96 años del Milagro del Vístula, Ucrania sorprende al mundo con una incursión significativa en territorio ruso, particularmente en la región de Kursk, marcando la primera invasión parcial desde 1945. En contraste con el conflicto de desgaste en el Donbás, las fuerzas ucranianas avanzan hasta 40 kilómetros y llegan a localidades estratégicas, impulsadas por el reciente suministro de F-16 de potencias occidentales. En respuesta, Vladimir Putin convoca al Consejo de Seguridad y decreta el estado de emergencia, calificando el avance ucraniano como una «provocación a gran escala». A nivel militar, los analistas observan que Ucrania busca obligar a Rusia a redistribuir sus fuerzas, debilitando su posición en el Donbás. Mientras tanto, Petro Burkovsky destaca las implicaciones estratégicas, indicando que Rusia carece de recursos para mantener una guerra a gran escala y cuestionando su capacidad de respuesta efectiva. A pesar del conflicto, Putin firma una serie de leyes internas, mostrando un notable contraste entre las prioridades del gobierno y las necesidades de los habitantes afectados de Kursk.
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