El expresidente de Estados Unidos y actual candidato republicano, Donald J. Trump, ha vuelto a centrar la atención mundial con el anuncio de un nuevo arancel del 25% a los vehículos importados. La medida, que ya está en vigor, busca proteger la industria automotriz nacional y equilibrar el déficit comercial del país. Este movimiento representa un retorno a las políticas comerciales proteccionistas que caracterizaron su primer mandato, generando un impacto inmediato en la escena internacional.
Trump justificó la medida en una conferencia desde la Casa Blanca, argumentando que tanto aliados como adversarios comerciales de Estados Unidos han imposibilitado el desarrollo de las industrias locales. En concreto, los vehículos eléctricos de origen chino verán su tarifa incrementada hasta un 125% debido a la suma de aranceles previos impuestos por la Administración Biden en 2024.
Los países más afectados por esta política son México, Japón, Corea del Sur, Canadá, Alemania y el Reino Unido, que en conjunto representan casi el 88% de las importaciones estadounidenses de automóviles. México lidera la lista con un superávit comercial de 45.400 millones de dólares, seguido de cerca por Japón y Corea del Sur. Las repercusiones no se limitarán a estos países; empresas estadounidenses como Ford y General Motors también podrían enfrentarse a desafíos debido a su dependencia de plantas en México y Canadá.
La estrategia forma parte de un paquete de «aranceles recíprocos» que busca aplicar tarifas equivalentes a las impuestas por otros países a los productos estadounidenses. Esta política podría intensificar las tensiones comerciales a nivel global, afectando industrias estratégicas y potenciando represalias internacionales.
El impacto en los mercados no se ha hecho esperar. En Wall Street, las acciones de Ford y General Motors sufrieron caídas significativas, dado que una parte considerable de sus ventas provienen de vehículos fabricados fuera del país. Del mismo modo, las empresas automotrices asiáticas como Nissan, Toyota y Honda también sufrieron fuertes retrocesos en sus acciones.
Desde Europa, la respuesta no tardó. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, expresó su preocupación por las medidas y anunció que la Unión Europea buscaría una respuesta proporcional, subrayando que los aranceles podrían perjudicar tanto a consumidores como a empresas en ambos lados del Atlántico.
Dentro del ámbito político doméstico, Trump ha revitalizado su discurso de «America First», subrayando la importancia de asegurar la independencia económica y disminuir la dependencia de naciones extranjeras. El embajador comercial Jamieson Greer destacó que esta estrategia busca establecer condiciones justas para los trabajadores y fabricantes estadounidenses, y así garantizar la seguridad económica y nacional del país.
La trayectoria de estas políticas y sus consecuencias a largo plazo en las relaciones comerciales de Estados Unidos con sus aliados permanecen inciertas. Sin embargo, lo que sí está claro es que esta nueva política comercial intenta redibujar el mapa del comercio global, aún a riesgo de agravar las tensiones económicas internacionales.