El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en marcha una nueva tanda de aranceles que marcan un giro significativo en la política comercial del país. Durante una intervención en los jardines de la Casa Blanca, Trump anunció la imposición de un arancel universal del 10% a todas las importaciones, con una tasa adicional del 20% para productos procedentes de la Unión Europea. Este anuncio fue acompañado de medidas más específicas para otros socios comerciales estratégicos, como Reino Unido, China, Japón, y varios más, destacando un arancel adicional del 34% para China. Trump proclamó que estas medidas representan el «renacimiento» de la industria estadounidense y la vuelta del control económico a manos de Estados Unidos, tras décadas de presunto «robo» por parte de otras naciones.
Las nuevas tarifas, que entrarán en vigor a partir del 5 de abril para el arancel universal y el 9 de abril para los aranceles específicos, buscan corregir lo que Trump describe como un «déficit comercial casi histórico». El año pasado, Estados Unidos registró un déficit de 918.400 millones de dólares, un problema que la administración Trump atribuye a prácticas comerciales desleales de sus socios. A pesar de la dureza de estos aranceles, la Casa Blanca ha confirmado que México y Canadá recibirán una prórroga en la implementación de estos gravámenes debido al tratado T-MEC. La estrategia está en línea con el objetivo más amplio de la administración Trump de favorecer la producción nacional e incrementar los ingresos, al mismo tiempo que se planea una drástica reducción de impuestos sin afectar el gasto en programas sociales y de salud.
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