Durante su reciente visita a Dearborn, Michigan, Donald Trump aseguró que lograría la paz en Oriente Medio, criticando a la administración actual de Estados Unidos por su apoyo a Benjamin Netanyahu. En un entorno de simpatías inesperadas, como la de árabes y estadounidenses musulmanes hacia el expresidente, su promesa se centra en proporcionar a Israel un mayor margen de maniobra en sus políticas anexionistas y con Irán, mientras busca aprovechar alianzas con líderes del Golfo Pérsico. La política de Trump propone un enfoque más proactivo para resolver los actuales conflictos en Gaza y Líbano, apostando por la normalización de relaciones entre Israel y Arabia Saudita, lo que sería una bandera de su posible segundo mandato.
Sin embargo, analistas predicen que si Trump regresa al poder, su política exterior hacia Oriente Medio retomaría sus líneas previas, otorgando beneficios al Gobierno de Netanyahu y bajo una línea dura contra Irán. Su voluntad de eximirse de las guerras podría verse en conflicto, pero sus lazos con los mandatarios del Golfo Pérsico sugieren un interés en mantener equilibrados sus esfuerzos diplomáticos y estratégicos. Bajo esta perspectiva, la cuestión palestina podría ver reducidos avances significativos, alineados a su primer mandato y evidenciando un posible continuismo en la postura de Estados Unidos, ahora en la pugna entre Oriente Medio y el escenario global con China como telón de fondo.
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