La administración del presidente Donald Trump ha implementado una estrategia para aislar a Venezuela de sus aliados estratégicos, específicamente China, Rusia, Irán y Cuba. Funcionarios de la Casa Blanca habrían comunicado a la presidenta encargada del país sudamericano, Delcy Rodríguez, que para poder extraer y comercializar petróleo, Venezuela debe finalizar sus relaciones con estas naciones. Esta medida se enmarca dentro de un conjunto de exigencias destinadas a recuperar el control sobre el mercado petrolero, que Estados Unidos busca monopolizar.
Además, se detalla que la intención de Estados Unidos es favorecer su propia industria petrolera mediante la exclusión de estos países del panorama venezolano. Esta presión se alza en un contexto donde la venta de crudo pesado es crucial para la economía venezolana, lo que podría generar una crisis aún mayor en el país ya afectado por la crisis económica. La llegada de estas demandas abre un nuevo capítulo en las relaciones internacionales de Venezuela, sobre todo en un sector tan vital como el energético.
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