En sus primeros tres meses de mandato, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha acelerado un cambio drástico en el panorama global, culminando con un incremento de los aranceles de importación al 20%, el mayor desde la Gran Depresión. Esta medida es parte de su estrategia para revitalizar la industria nacional y reducir el déficit comercial, pero ha despertado preocupación por sus posibles efectos negativos en el crecimiento global. Expertos como Ángel Saz, de EsadeGeo, y Xavier Vives, de IESE, advierten sobre las consecuencias de este aislacionismo, que podría minar la estabilidad económica y fomentar una recesión mundial. En el contexto de un multilateralismo ya debilitado, la autonomía de acción que busca EE UU podría escalar tensiones comerciales sin las directrices de mediadores internacionales como la Organización Mundial del Comercio, a la que Trump ha declarado su descontento desde su primera presidencia.
La administración de Trump no es la única que señala las deficiencias del sistema global existente; incluso bajo el mandato de Joe Biden, hubo continuidad en políticas proteccionistas como la Ley de Reducción de la Inflación, que favorecen inversiones domésticas. Estos cambios reflejan un consenso bipartidista de que la globalización ha perjudicado la economía estadounidense. Sin embargo, sus intentos de reformar las instituciones multilaterales, como propuso el secretario general de la ONU, António Guterres, no han avanzado, dejando en evidencia la crisis del sistema fundado en Bretton Woods. Mientras Trump pone a prueba el veterano orden internacional, otros organismos, como el FMI y el Banco Mundial, por ahora permanecen fuera de su alcance directo debido a sus sedes y papeles influyentes, aunque su visión puede fomentar una reconfiguración del sistema financiero global de acuerdo con las nuevas dinámicas de poder.
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