El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su cruzada para proteger la industria nacional mediante la posible implementación de nuevos aranceles al cobre, en un esfuerzo por contrarrestar las influencias económicas de China. Trump ordenó al Departamento de Comercio investigar si las importaciones extranjeras de cobre suponen un riesgo para la economía y seguridad nacional del país. Esta medida podría desembocar en tarifas significativas sobre el cobre, un material esencial para diversas industrias, incluyendo la militar y la tecnológica. Peter Navarro, asesor de aranceles de Trump, ha destacado la urgencia de obtener resultados de la investigación para proteger la industria del cobre nacional, que, a su juicio, se ve afectada por prácticas comerciales injustas de otros países.
Aunque China no es el principal exportador de cobre a Estados Unidos, es señalada como responsable de la caída global de precios y del deterioro de la industria estadounidense. Actualmente, los productos chinos enfrentan aranceles del 10% tras la orden ejecutiva firmada por Trump en febrero, que provocó represalias desde Beijín. La Administración de Trump mantiene que la estrategia de China para dominar el mercado global incluye subsidios masivos y dumping, afectando a áreas como el acero, aluminio y energías renovables. Este contexto coincide con el objetivo de Estados Unidos de reducir su dependencia energética de China, como propone la Ley de Reducción de la Inflación de 2022. Mientras se intensifica la competencia económica, la Administración estadounidense busca diversificar sus cadenas de suministro, distanciándose de la centralidad china en la producción de metales y componentes críticos para la transición energética.
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