
En un acto cargado de autobombo y ausencia de numerosos aliados tradicionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lideró la inauguración de la Junta de Paz para Gaza, una entidad concebida para contribuir a la reconstrucción de la franja palestina devastada por los bombardeos israelíes. Durante el evento, Trump anunció que los países participantes ya han aportado 7,000 millones de dólares para la reconstrucción, mientras que Estados Unidos promete contribuir con 10,000 millones adicionales. Sin embargo, la iniciativa ha generado preocupación entre los aliados debido a la posibilidad de que Trump busque posicionar a la Junta como un organismo rival a la ONU en la resolución de conflictos globales, un sentimiento que no se tranquilizó pese a las promesas del presidente de colaborar estrechamente con el organismo internacional.
La convocatoria atrajo a más de 45 países, aunque muchos asistieron solo como observadores, incluyendo a la Unión Europea, mientras que varios aliados tradicionales como Canadá, Reino Unido y Francia estuvieron ausentes. Algunos países que participaron, como Bulgaria y Hungría, lo hicieron en representación de intereses estratégicos específicos, siendo Hungría representada por su primer ministro, Viktor Orbán. Pese a las afirmaciones optimistas de Trump de que la Junta finalmente atraerá a todos los líderes importantes del mundo, la cifra propuesta de 7,000 millones para la reconstrucción se queda corta frente a estimaciones que sugieren que se necesitarían 70,000 millones. Además, Trump prometió otra contribución de 75 millones de dólares destinada a proyectos de fútbol dirigidos por la FIFA. Las preocupaciones sobre el futuro de la Junta se vieron exacerbadas por las insinuaciones de Trump respecto a un posible ataque a Irán.
Leer noticia completa en El Pais.
