El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado que ya ha tomado una decisión respecto a Venezuela en el marco de la campaña militar que ha iniciado contra el narcoterrorismo en el Caribe y el Pacífico. Sin embargo, se ha reservado los detalles de sus planes futuros, manteniendo en vilo a la prensa a bordo del Air Force One mientras se dirigía a su residencia en Florida. Las declaraciones del mandatario se producen tras reuniones con su equipo de seguridad nacional y la llegada del portaaviones Gerald Ford, el buque de guerra más moderno del mundo, a las aguas del Caribe, en las proximidades de la frontera marítima venezolana. Estas acciones son parte de la operación Lanza del Sur, que ha resultado en más de una veintena de ataques contra supuestas narcolanchas, dejando al menos ochenta muertos.
Pese a los ataques, Trump y su administración han enviado señales contradictorias sobre sus verdaderas intenciones hacia Venezuela. Aunque el presidente ha celebrado el éxito de las operaciones militares en reducir el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, su retórica ha suavizado al referirse a acciones directas en territorio venezolano. Aun así, el gobierno ha justificado sus acciones como una lucha necesaria contra el narcotráfico, mientras expertos y defensores de derechos humanos critican la campaña por no contar con la aprobación del Congreso, sugiriendo que el despliegue podría tener como objetivo presionar o incluso derrocar al régimen de Maduro. La administración ha vinculado estrechamente al líder venezolano con los carteles de la droga, acusándole de ser uno de sus principales operadores, aumentando la presión con sanciones internacionales y recompensas por su captura.
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