

La ansiedad, esa compañera silenciosa de la vida moderna, suele ser vista como una enemiga a erradicar. Sin embargo, cada vez más expertos plantean que no se trata de eliminarla por completo, sino de entender su función y reformular nuestra relación con ella. La perspectiva propuesta invita a aceptar la ansiedad como un mecanismo de protección que, si se conoce y se acompaña, puede convertirse en una aliada en nuestro bienestar emocional.
El psicoterapeuta cognitivo Owen O’Kane, reconocido por su trabajo en salud mental, sostiene que la clave no está en combatir la ansiedad con técnicas que buscan «desactivar» sus síntomas, sino en aceptarla y aprender a convivir con ella. En sus aproximaciones, resalta que la ansiedad cumple una función esencial: alertarnos ante posibles peligros o errores, funcionando como un sistema de advertencia interno. De esta manera, entenderla como una figura que nos cuida, en lugar de considerarla un enemigo, permite una mayor comprensión y una mejor negociación interna.
Este cambio de paradigma implica un paso fundamental: aceptar la ansiedad en lugar de rechazarla. Según O’Kane, “la ansiedad existe para ayudarnos”, y aunque puede ser incómoda, su finalidad es protegernos. La voz interna que advierte antes de una situación estresante no busca dañarnos, sino prevenir resultados negativos. Desde esta mirada, tratarla con hostilidad solo la refuerza, transformándola en una barrera que nos impide avanzar en aspectos importantes de nuestra vida, como aprovechar nuevas oportunidades o afrontar desafíos laborales y personales.
Uno de los aspectos más importantes en esta estrategia es entender que no hay soluciones mágicas para erradicar la ansiedad de raíz. Promesas de eliminarla por completo suelen ser engaños. La realidad es que siempre formará parte de nuestra experiencia como un compañero que cumple una función vital: mantenernos alertas. La propuesta de O’Kane es trabajar desde la comprensión y la paciencia, estableciendo una relación más compasiva con esa parte de nosotros.
Otra de las recomendaciones cruciales pasa por abordar el cuerpo. La ansiedad, además de un fenómeno mental, se manifiesta físicamente. Palpitaciones, tensión en los músculos, sensación de alarma generalizada envían señales inmediatas al cerebro de que algo no está bien, lo que a su vez inhibe la actividad de la corteza prefrontal, la zona encargada del juicio racional. La propuesta es intervenir en el cuerpo como un método para modificar esa comunicación: ejercicios de respiración, actividad física, duchas frías o prácticas de relajación ayudan a regular el sistema nervioso, enviando señales de calma que facilitan el control racional del malestar.
Finalmente, el trabajo con los pensamientos ansiosos también juega un papel fundamental en esta nueva forma de abordar la ansiedad. Escribir lo que pensamos cuando estamos nerviosos, analizar la veracidad de esas ideas, y aprender a tolerar la incertidumbre son herramientas que permiten reducir su impacto emocional. La mayor parte de las preocupaciones que alimentan la ansiedad no tienen una base real, y poner en perspectiva esas ideas ayuda a disminuir su poder.
Aceptar la incertidumbre de la vida y responder con una actitud de apertura en lugar de resistencia se convierte en un ejercicio de autocuidado. Cada vez que logramos responder de manera diferente ante la ansiedad, estamos fortaleciendo conexiones neuronales que facilitan la adaptación y contribuyen a una vida más plena y menos rígida.
Las propuestas de Owen O’Kane sugieren que, en lugar de luchar contra la ansiedad, debemos aprender a coexistir con ella. Desde aceptar su función protectora, cuidar el cuerpo para enviar señales de calma, y gestionar los pensamientos negativos, podemos construir una relación más madura y saludable con esa parte de nuestra mente que, aunque incómoda, tiene un propósito importante. En esa comprensión reside el camino hacia una mayor libertad emocional y una mejor calidad de vida.
