
Katerina Tikhonova, hija del presidente ruso Vladímir Putin, dirige un ambicioso proyecto en la Universidad Estatal de Moscú que busca convertir a las palomas en biodrones teledirigidos. A través de la startup Neiry Group, especialistas del Instituto de Inteligencia Artificial están trabajando en la implementación de chips cerebrales en estas aves, con el objetivo de utilizarlas para espionaje e inspección de instalaciones industriales y militares. Además, se afirma que este sistema también podría tener aplicaciones en misiones de búsqueda y rescate. Sin embargo, la técnica involucra la inserción de electrodos en el cerebro de las palomas para controlarlas mediante estímulos eléctricos, lo que ha generado preocupaciones éticas que la empresa intenta mitigar al enfatizar la seguridad y el bienestar de los animales involucrados en el proyecto.
Aunque actualmente la iniciativa se encuentra en fase experimental en condiciones de laboratorio, la empresa planea en el futuro enviar a estas palomas en vuelos de hasta decenas de kilómetros. Las aves modificadas contarán con una cámara integrada en el pecho y un sistema de energía a través de una mochila con batería solar. A pesar de esta innovación, surgen dudas sobre la viabilidad científica del proyecto, dado el escaso avance en la creación de interfaces neuronales invasivas. La compañía también explora neurotecnologías en otras especies, como ratas y vacas, generando controversia en torno a la limitación del libre albedrío de los animales.
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