En un comunicado reciente, el Departamento de Estado de Estados Unidos confirmó la presencia de dos de sus ciudadanos entre los diez tripulantes de una lancha interceptada en aguas cubanas, incidente que culminó en un tiroteo con saldo de cuatro muertos y seis heridos. El hecho ha suscitado tensiones diplomáticas, ya que la embarcación, según información proporcionada, habría sido robada de un muelle en los cayos de Florida por un empleado de su empresa propietaria. El propietario de la lancha, una embarcación de pesca tipo Carolina Skiff, notificó su ausencia en la oficina del sheriff del condado de Monroe el mismo día del altercado con los guardacostas cubanos, quienes aseguran haber sido recibidos con disparos al intentar interceptar la lancha, lo que generó una respuesta de fuego en la que también resultó herido uno de sus comandantes.
Según el gobierno cubano, los ocupantes de la lancha eran ciudadanos cubanos residentes en Estados Unidos, acusados de un «intento terrorista» al hallarse en posesión de armas de fuego, municiones y explosivos de fabricación casera. Entre los fallecidos se cuenta un ciudadano estadounidense, mientras el otro resultó herido. Este incidente ocurre en un contexto político tenso, con Estados Unidos aumentando su presión sobre Cuba mediante el reforzamiento del bloqueo económico y la amenaza de sanciones a aquellos países que sostienen relaciones comerciales con la isla. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha expresado su intención de llevar a cabo una investigación independiente para esclarecer los hechos, mientras las autoridades cubanas aseguran su disposición a cooperar en la resolución del incidente.
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