En la localidad de Puerto Leguízamo, al sur de Colombia, un avión C-130 Hércules de la Fuerza Aérea se estrelló poco después de despegar, con 125 personas a bordo. El incidente, que tuvo lugar el lunes por la mañana, ha generado confusión y tensión en cuanto a la cifra exacta de fallecidos, ya que los medios de comunicación y las autoridades manejan números distintos. Mientras algunos medios reportan hasta 66 víctimas fatales, el presidente Gustavo Petro comunicó en redes sociales que «34 jóvenes murieron por defender a Colombia», diferencia atribuida a la complejidad de identificar los cuerpos debido al fuego. Mientras tanto, el Ministerio de Defensa confirmó que 48 heridos están siendo atendidos en centros médicos, y el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, descartó que el accidente fuera producto de un ataque, asegurando que la aeronave estaba en condiciones óptimas de vuelo.
En medio del caos, la respuesta de la comunidad local ha sido fundamental. Habitantes de la zona rural cercana al accidente, donde las carreteras están casi inexistentes, reaccionaron rápidamente organizando redes para llevar agua al lugar del siniestro y transportando a los heridos en motocicletas hacia los centros de salud. Este incidente ha expuesto la fragilidad de la infraestructura médica local y ha derivado en la reubicación de víctimas a otras ciudades con mejores recursos, gracias al apoyo del Ministerio de Defensa. Paralelamente, la tragedia ha desatado un cruce de acusaciones políticas, con el presidente Petro criticando a su predecesor Iván Duque por la supuesta adquisición de aeronaves obsoletas y responsabilizando a la oposición por la falta de recursos para la defensa, mientras la oposición cuestiona el compromiso del presidente con las fuerzas militares. Esto ocurre en un ambiente político caldeado a pocos meses de las elecciones presidenciales, donde diversas figuras políticas expresan sus críticas y propuestas.
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