El Gran Premio de Brasil de MotoGP, celebrado en el circuito de Goiânia, se reinauguró con una serie de desafíos impredecibles provocados por el severo clima. Las tormentas, acompañadas de fuertes vientos y lluvias torrenciales, obligaron a la organización a retrasar las sesiones programadas para garantizar la seguridad en el trazado. Los equipos trabajaron intensamente para limpiar la pista, que se cubrió de barro y parches de arcilla debido a las consiguientes inundaciones. Los pilotos, enfrentados al reto de condiciones mixtas, salieron apresuradamente a marcar sus mejores tiempos cuando el clima lo permitió, destacando Johann Zarco de Honda, quien registró uno de los tiempos más rápidos en una pista que amenazaba con volver a mojarse.
A medida que avanzaba la práctica, un nuevo aguacero detuvo las actividades, obligando a los pilotos a lidiar con los elementos una vez más. Las predicciones meteorológicas no auguran mejoría para el fin de semana, con alertas de intensas lluvias y vientos impactando la región. Estas circunstancias auguran un reto considerable para los aspirantes a la pole; las condiciones de la pista y el desgaste mental serán determinantes. Mientras tanto, los jefes de equipo expresaron su preocupación con respecto a la preparación del circuito, aunque David Brivio de Trackhouse Aprilia reconoció que estos son problemas típicos en debutantes. La situación añade un nivel de incertidumbre a la competición, que en última instancia no ha resultado en peligro adicional para los pilotos.
Leer noticia completa en El Pais.
