El Fasher, capital de Darfur del Norte, ha sido escenario de uno de los conflictos más devastadores de la actualidad. La ciudad cayó en manos del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) tras más de 500 días de asedio y una violenta ofensiva, llevándose a cabo masacres contra la población civil, incluyendo ataques armados y violaciones. La ONU estima que aproximadamente 500 personas fueron asesinadas solo en el Hospital Materno Saudí, mientras el total de víctimas podría superar las 2.000, según las autoridades sudanesas. La situación se agrava con la dificultad en la verificación de datos debido a los cortes de comunicación.
Las atrocidades cometidas han llevado a miles de civiles a huir hacia el campo de desplazados de Tawila, aunque muchos están heridos y exhaustos. Shayna Lewis, consultora de derechos humanos, describió la situación como un “genocidio previsible”, con informes de que el Laboratorio de Investigación Humanitaria de Yale cifraba las muertes en 10.000. Testimonios de supervivientes relatan escasez de alimentos, violencia y extorsiones durante su huida. La situación es crítica, con preocupaciones de violencias sexuales y el aumento de niños soldados, mientras que el acceso humanitario sigue siendo limitado. La comunidad internacional es criticada por su pasividad, y el gobierno sudanés sigue poniendo condiciones para iniciar un diálogo con las milicias.
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