La relación entre Israel y Estados Unidos se encuentra actualmente en un momento de alta tensión, el más significativo en décadas, impulsado por los recientes y violentos acontecimientos en Gaza. El conflicto, que inició con un ataque del grupo islamista Hamás el 7 de octubre de 2023, dejando un saldo de 1,200 víctimas en Israel y 250 rehenes capturados, ha puesto en jaque la política exterior de la administración de Joe Biden. Frente a un escenario internacional cada vez más complicado, Estados Unidos se enfrenta al desafío de mantener su tradicional respaldo a Israel mientras busca evitar un conflicto regional de gran escala, especialmente con Irán, a un mes de las elecciones presidenciales. La delicada situación se agrava con las críticas de un sector del electorado estadounidense que se opone al manejo de la situación en Gaza por parte de Biden, quien intenta mediar entre su respaldo a Israel y la presión interna para promover un alto el fuego.
Con las elecciones a la vuelta de la esquina, la administración de Biden debe considerar cuidadosamente sus pasos en Oriente Medio, donde un desliz podría tener profundas repercusiones políticas domésticas. La vicepresidenta Kamala Harris y el expresidente Donald Trump, quienes son los principales contendientes en los comicios del 5 de noviembre, mantienen posturas particulares respecto a la situación; Harris sugiere una visión similar a Biden con un enfoque más atento al sufrimiento palestino, mientras que Trump respalda casi sin reservas a Israel, como lo mostró durante su mandato al fomentar los Acuerdos de Abraham. El especialista Hussein Ibish destaca que, a pesar de las actuales tensiones, el apoyo estadounidense a Israel es inquebrantable, ya que ambos países mantienen un vínculo profundamente arraigado en sus políticas estatales y culturales, un factor que sin duda influirá en el panorama político y estratégico en los próximos meses y años.
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