La controversia diplomática protagonizada por Manahi Pakarati, embajadora chilena con ascendencia rapanui en Nueva Zelanda, ha generado un intenso debate en Chile tras su publicación en Instagram que llamaba a la autodeterminación de Rapa Nui, también conocida como Isla de Pascua. El mensaje, traducido al inglés y posteriormente retirado, provocó reacciones inmediatas tanto en el ámbito político como en la opinión pública chilena. La Cancillería del Gobierno de Gabriel Boric reprochó a la diplomática, y figuras de la oposición, junto con parte del oficialismo, han solicitado su dimisión. Líderes políticos y exdiplomáticos han criticado la postura de Pakarati, destacando que una embajadora no puede sostener posiciones contrarias a la política exterior de su país.
La situación adquiere mayor complejidad considerando las declaraciones pasadas de Pakarati sobre los derechos históricos del pueblo rapanui y la lucha por recuperar tierras ancestrales, sentimientos que resuenan con muchas personas de la comunidad Rapa Nui, aunque el temor a represalias políticas frena el respaldo público. A pesar de las críticas, el movimiento por la autodeterminación no ha encontrado eco oficial en autoridades locales de Rapa Nui, y se mantiene vigente una consulta indígena impulsada por el Gobierno para crear un estatuto especial para la isla. La población local, consciente de la frágil relación con el Estado chileno, sigue reivindicando sus derechos históricos sin buscar la secesión, en una región conocida globalmente por su valiosa herencia cultural, representada por los emblemáticos moáis y el estatus de Patrimonio de la Humanidad concedido por la Unesco.
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