
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha emitido una advertencia contundente a Irán, asegurando que está dispuesto a intervenir militarmente si el gobierno iraní reprime violentamente las crecientes protestas en su país. Las manifestaciones, desatadas por la inflación y la depreciación del rial, se han expandido por casi todas las provincias iraníes, elevando las demandas de cambio de régimen. La respuesta de Irán no se ha hecho esperar, con Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, advirtiendo que la intromisión de Washington podría generar caos regional. El presidente iraní Masoud Pezeshkian y otros líderes han mostrado disposición al diálogo, aunque los enfrentamientos han dejado ya múltiples víctimas.
Este episodio representa un punto de tensión adicional entre Estados Unidos e Irán, en un contexto donde Teherán encuentra limitada su capacidad de respuesta debido a su aislamiento creciente tras la caída de su aliado sirio y el debilitamiento de sus socios en la región. Trump, quien ya había sorprendido al mundo con una intervención militar en Irán en 2025, desafía su política inicial de evitar compromisos en conflictos lejanos. Aunque Teherán intenta mantener una advertencia sobre el potencial desestabilizador de una intervención estadounidense, su influencia y capacidad para moldear el rumbo de los acontecimientos en la región se encuentran en entredicho.
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