Teherán amaneció este domingo cubierto por una densa nube de humo negro, resultado de intensos bombardeos israelíes que tuvieron lugar la noche anterior. Las explosiones afectaron a varias instalaciones petroleras en los alrededores, causando incendios que dejaron caer al suelo una lluvia cargada de restos químicos, asemejando el panorama a una tormenta de gasolina. Los residentes observaban con preocupación desde sus terrazas, arrastrando los pies sobre calles manchadas de ceniza y residuos procedentes de los ataques, que han marcado el noveno día consecutivo de hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Ante esta situación crítica, las autoridades han impuesto un estricto racionamiento de gasolina, limitando su suministro a 20 litros por persona al día, y han instado a la población a permanecer en casa debido a la toxicidad del aire. La Organización de Protección Ambiental de Irán ha alertado sobre los riesgos y promovido el uso de mascarillas en espacios públicos. Curiosamente, a pesar de la gravísima crisis, Teherán se preparaba para reabrir tras una semana de luto oficial por la muerte del líder supremo Alí Jamenei, pero la atmósfera de la ciudad habla de un conflicto que por el momento parece lejos de resolverse.
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