

SpaceX suma un nuevo hito en su ambicioso plan para convertir Starship en el “caballo de batalla” del acceso al espacio. La Fuerza Aérea de Estados Unidos ha dado luz verde a la remodelación del Space Launch Complex 37 (SLC-37), en la base de Cabo Cañaveral (Florida), para operaciones del megacohete Starship-Super Heavy, autorizando hasta 76 despegues y 152 aterrizajes al año desde estas instalaciones.
La compañía de Elon Musk lo confirmó en un mensaje en X:
“Hemos recibido la aprobación para desarrollar el Space Launch Complex-37 para operaciones de Starship en Cape Canaveral Space Force Station. La construcción ya ha comenzado”.
Con este nuevo complejo, SpaceX pasaría a contar con tres rampas para Starship en Florida, lo que refuerza su estrategia de operar con una cadencia de vuelos casi “de aeropuerto” y apoyar tanto misiones comerciales como objetivos de seguridad nacional y del programa Artemis de la NASA.
El SLC-37 tiene historia: desde allí despegó durante años el cohete Delta IV Heavy de United Launch Alliance. Ahora será desmantelada la antigua infraestructura criogénica y se construirá prácticamente desde cero un complejo adaptado a las necesidades de Starship-Super Heavy.
Según la documentación ambiental y la información publicada, el plan contempla:
De forma paralela, SpaceX ya utiliza el complejo LC-39A, en el Centro Espacial Kennedy, y estudia adaptar el SLC-40 —actualmente dedicado al Falcon 9— para vuelos de Starship. El objetivo es superar los 120 lanzamientos anuales entre Florida y Texas, reduciendo los tiempos de inspección entre vuelos a menos de tres días.
El nuevo complejo de Starship en Cabo Cañaveral no es solo un movimiento industrial; también es geopolítico. La autorización refuerza el papel de SpaceX como socio clave del Gobierno estadounidense:
En su anuncio, SpaceX subraya precisamente ese doble rol: apoyar “los objetivos de seguridad nacional de Estados Unidos y las metas de Artemis” mientras Cabo Cañaveral evoluciona hacia operaciones “tipo aeropuerto”, con despegues y aterrizajes frecuentes y altamente automatizados.
La decisión llega después de un proceso de revisión ambiental liderado por el Departamento de la Fuerza Aérea (DAF) y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU., que ha evaluado el impacto sobre fauna protegida de la zona, como tortugas gopher o pequeños roedores costeros.
El borrador de la declaración de impacto ambiental analiza un escenario de alta cadencia —los citados 76 lanzamientos y 152 aterrizajes anuales— e impone medidas mitigadoras, entre ellas:
Sin estas condiciones, la autorización simplemente no habría llegado. El mensaje político es claro: sí a la expansión espacial, pero bajo un marco de supervisión ambiental más exigente que en los primeros años de la carrera espacial.
Si se cumplen los plazos que maneja la compañía, los primeros lanzamientos de Starship desde SLC-37 podrían producirse entre 2026 y 2027, una vez completadas las obras y certificaciones.
Con ello, Florida se consolidaría como epicentro del nuevo ciclo espacial:
A esto se suma el “laboratorio” tejano de la compañía. En Boca Chica (Texas), rebautizada como ciudad de Starbase, SpaceX ya opera una combinación única de zona industrial, bancadas de pruebas y puerto espacial casi privado. La creación formal del municipio —aprobada por una población compuesta en gran parte por empleados o personas vinculadas a la empresa— ha facilitado trámites locales como cierres de carreteras y coordinación de lanzamientos.
Ahora, la estrategia parece clara: Texas como campo de pruebas y desarrollo rápido; Florida como espacio puerto maduro para operaciones de alta cadencia, misiones gubernamentales y vuelos tripulados.
El despliegue de nuevas rampas llega mientras Starship sigue acumulando vuelos de prueba, con resultados cada vez más estables pero todavía lejos de la rutina de Falcon 9. El gran desafío de SpaceX no es solo hacer despegar el cohete, sino dominar:
La autorización para SLC-37 no garantiza que Starship esté lista —eso lo dirán los próximos vuelos—, pero sí envía un mensaje inequívoco: las autoridades estadounidenses apuestan por un escenario en el que este megacohete vuele mucho y a menudo.
Si SpaceX consigue cumplir su promesa de transformar los cohetes en algo más cercano a un avión de carga que a un lanzador desechable, decisiones como esta serán recordadas como el momento en que la infraestructura empezó a adaptarse, de verdad, a la nueva economía espacial.
