Las patatas son un componente esencial de la cocina española, valoradas por su sabor delicioso, versatilidad para diversas preparaciones, y beneficios nutricionales, ya que son ricas en fibra, vitaminas y minerales. Sin embargo, no están exentas de riesgos, ya que contienen glicoalcaloides, toxinas naturales conocidas como solanina y chaconina. En niveles normales, estas toxinas no son peligrosas, pero su acumulación puede presentar problemas de salud como vómitos, dolor abdominal, y movimientos intestinales irregulares. Además, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha alertado sobre el riesgo que supone consumir patatas con brotes, debido a que estos indican niveles elevados de toxinas.
La presencia de brotes o el color verde en la piel de las patatas es un signo de alta concentración de glicoalcaloides, lo que las hace inseguras para el consumo. Es importante saber que cocinar las patatas no disminuye la cantidad de estas toxinas. Para evitar riesgos, se recomienda comprar las patatas poco antes de cocinarlas, almacenarlas en lugares frescos y oscuros, y pelarlas antes de consumirlas. Si no se está seguro del aspecto de las patatas, lo más prudente es desecharlas para prevenir problemas de salud. Estas medidas se suman a las prácticas recomendadas para disfrutar de este alimento tan apreciado, minimizando los riesgos asociados a su consumo.
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