

El Espacio Cultural Serrería Belga de Madrid ha inaugurado una exposición que celebra la vida y obra de Menchu Gal, destacada pintora irunesa que dejó una huella imborrable en el arte español del siglo XX. Bajo el título ‘Menchu Gal. Imágenes de una vida’, esta muestra ofrece un recorrido íntimo por las creaciones de la primera mujer en haber recibido el Premio Nacional de Pintura en 1959. La exposición, que podrá visitarse hasta el 28 de junio, es una oportunidad única para admirar un universo pictórico que desafió los convencionalismos de su época y proyectó el espíritu inquieto y cosmopolita de su creadora.
En colaboración con la Fundación Menchu Gal, la muestra presenta medio centenar de obras provenientes de colecciones particulares, así como del Ayuntamiento de Irún y de la propia fundación que lleva su nombre. A través de paisajes, retratos, bodegones e interiores, los visitantes pueden sumergirse en el proceso evolutivo de Menchu Gal, una artista cuya paleta de colores intensos y luminosa destreza siguen resonando con fuerza.
Calificada en la opinión pública y académica como una figura independiente, Gal desafió los confines de las corrientes artísticas de su tiempo. Marisa Oropesa, comisaria de la exposición, resalta el estilo «único y libre» de la pintora, no encuadrado en ninguna corriente específica. Ella misma describe su obra como un reflejo de la historia bélica y estética del siglo XX, una época que la artista tomó como un lienzo en blanco para desarrollar un estilo propio, al margen de modas y movimientos.
En sus paisajes, Menchu Gal encontró una forma de expresar su amor por las tierras que colonizaron sus viajes artísticos. Desde los vastos campos de Castilla, influidos por la tutora guía de Benjamín Palencia, hasta las marinas vívidas del Bidasoa y Baztán, las pinturas de Gal capturan tanto la serenidad de la naturaleza vasca como el bullicio urbano de Madrid, ciudad en la que residió durante más de cinco décadas.
La exposición presenta también un despliegue de rostros femeninos que obsesionaron a la artista a lo largo de su carrera. A través de una pincelada deliberada, Gal buscó revelar las esencias ocultas tras las apariencias superficiales de sus modelos. Los interiores que pintó ofrecen una mirada a la intimidad del hogar, donde la luz natural y los elementos decorativos adquieren un protagonismo casi fotográfico. Sus bodegones, por otro lado, transgreden la quietud del género mediante el uso de arabescos y la revitalización del color, conferiendo a objetos cotidianos una vibrante vida propia.
El itinerario vital de Menchu Gal comienza a los 13 años en París, una ciudad que le permite descubrir la vibrante escena del arte moderno bajo la tutela de Amédée Ozenfant. Su periplo artístico continúa en Madrid y atraviesa diversas etapas marcadas por un incesante aprendizaje. A lo largo de su vida, Gal participó en importantes exposiciones internacionales, como la Bienal Internacional de Venecia y otras muestras de importancia mundial, siempre impulsada por una necesidad interior creativa, como sugiere la crítica Barbara Rose.
Así, la exposición en Serrería Belga no solo evoca a una de las pintoras más representativas del arte español contemporáneo, sino que también se plantea como un tributo a una mujer que, desinteresada por las convenciones, dejó un legado perdurable en el panorama cultural. De este modo, Menchu Gal no solo culminó su propia trayectoria artística, sino que también abrió un camino fértil para futuras generaciones de artistas mujeres, marcando la historia con una impronta propia e inconfundible.
