
Rusia ha intensificado su ofensiva en Ucrania mediante el uso de su misil balístico de última generación, el Oréshnik, que impactó en la provincia de Lviv. Estos ataques ocurrieron como represalia por un intento de bombardeo por parte de Ucrania en diciembre. Las autoridades locales confirmaron la destrucción de infraestructura crítica, aunque no dieron más detalles. La ofensiva rusa ha sido respaldada por el ministerio de Defensa de Moscú, que sostiene que el uso del misil fue una respuesta adecuada al supuesto intento de atacar una residencia del presidente Vladímir Putin. Este misil de medio alcance es particularmente difícil de interceptar debido a su velocidad hipersónica y a la capacidad de separación de sus seis proyectiles, dificultando así la labor de las defensas antiaéreas.
El reciente ataque no solo ha dejado sin servicios básicos a gran parte de Kiev, sino que también ha causado muertos y heridos entre los civiles. La capital ucraniana sufrió graves daños en su infraestructura eléctrica y de fabricación de armamento debido al uso masivo de drones bomba, misiles balísticos y de crucero. Especialistas en emergencias han debido actuar rápidamente para mitigar los efectos de las interrupciones prolongadas de agua y electricidad amid temperaturas bajo cero. Este incidente ocurre en un contexto de escalada de tensiones en la región, ocupando un lugar crítico en la agenda de seguridad internacional, lo que ha llevado a Ucrania a exigir una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, señalando la amenaza que esto representa para toda Europa.
Leer noticia completa en El Pais.
