Rusia ha intensificado su ofensiva contra Ucrania con un nuevo ataque de drones y misiles, justo antes de las negociaciones de paz programadas para este martes en Ginebra. Estas conversaciones, mediadas por Washington, buscan discutir temas críticos como la cesión territorial que frenan el avance hacia un acuerdo. A pesar de los avances parciales en las rondas previas en los Emiratos Árabes Unidos, donde se abordaron temas técnicos militares como el alto el fuego, las tensiones persisten en torno a la demanda rusa del 22% del territorio de Donetsk y la gestión de la planta nuclear de Zaporiyia. Las delegaciones esperan, al menos, poder acordar una tregua temporal para mitigar el impacto de los ataques sobre infraestructuras energéticas en medio de un duro invierno.
Mientras tanto, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha aumentado la presión sobre Ucrania para llegar a un acuerdo antes del verano, evidenciando su impaciencia ante la falta de resultados definitivos. Ucrania, consciente de la importancia de mantener el respaldo de sus aliados, intenta equilibrar su disposición a negociar con la exigencia de garantías de seguridad frente a futuras agresiones rusas. En este contexto, el papel del polémico negociador ruso Vladímir Medinski genera escepticismo, ya que su presencia en iniciativas previas no ha favorecido el progreso. En el trasfondo, la situación económica en Rusia se deteriora, con una inflación creciente y negocios en crisis, lo que podría influir en la urgencia de Moscú por encontrar una solución al conflicto.
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