El que una vez fue símbolo de modernidad y eficiencia para España, el AVE, ahora parece estar en entredicho. Un reciente incidente sufrido por David Mejía, quien experimentó un prolongado retraso debido a una avería del AVE en su trayecto hacia Santiago, ha suscitado críticas sobre el sistema ferroviario del país. Este percance se une a una creciente lista de inconvenientes que los viajeros enfrentan, poniendo en cuestión la reputación de España como un referente en el transporte ferroviario de alta velocidad. La frustración de Mejía es compartida por muchos, quienes ven con añoranza el tiempo en que Europa empezaba en Santa Justa y no más allá de los Pirineos.
Esta situación refleja una creciente preocupación nacional ante el declive percibido en un servicio que antes era motivo de orgullo. Los usuarios lamentan una falta de previsión y mejoras, enfrentándose a la amarga realidad de que el esplendor del sistema ferroviario parece haber quedado en el pasado. Mientras tanto, la administración enfrenta una presión creciente para tomar medidas inmediatas que puedan restaurar la confianza en un servicio vital para la conectividad y el desarrollo económico del país. La necesidad de una reinversión significativa y una gestión eficiente se hace cada vez más evidente.
Leer noticia completa en El Mundo.