

En los últimos años, la presencia de pantallas en la vida de los niños pequeños se ha convertido en casi una constante, generando inquietudes en los expertos sobre los efectos que esto puede tener en su desarrollo. La preocupación se agudizó con la publicación de una nueva guía del gobierno británico, que recomienda limitar el uso de dispositivos digitales en la primera infancia para proteger su salud física, emocional y cognitiva.
De acuerdo con la recomendación, las niñas y niños menores de 5 años no deberían estar frente a pantallas más de una hora al día, y en el caso de los menores de 2 años, se aconseja evitar su exposición en solitario, limitándola únicamente a actividades compartidas con adultos, como videollamadas familiares. La medida busca evitar que las pantallas sustituyan aspectos esenciales del crecimiento, como el sueño, el juego físico, la creatividad y las interacciones humanas.
Este esfuerzo surge tras evidencias que relacionan el uso excesivo de pantallas con problemas en el sueño, dificultades en habilidades sociales y disminución en la creatividad. Diversos estudios, incluida una investigación de la Asociación Americana de Psicología de 2025, indican que un uso descontrolado puede elevar el riesgo de ansiedad, depresión y conductas hiperactivas en niños y niñas. La relación también es bidireccional: los niños con dificultades socioemocionales tienden a recurrir más a las pantallas como mecanismo de evasión, perpetuando patrones que pueden ser perjudiciales a largo plazo.
El contenido digital tiene un papel importante en estos efectos. Programas dinámicos y estímulos acelerados, así como la presencia de videojuegos que fomentan la evasión, parecen estar vinculados a mayores problemas emocionales. Sin embargo, no toda la exposición digital es negativa; investigaciones resaltan que contenidos adecuados, en entornos supervisados y con participación adulta, pueden incluso favorecer el aprendizaje y habilidades cognitivas.
La guía refuerza el papel del acompañamiento de los adultos en el uso de pantallas. La co-visualización, que consiste en ver juntos la pantalla y dialogar sobre el contenido, se presenta como una estrategia efectiva para potenciar el desarrollo cognitivo y fortalecer vínculos afectivos. Además, se destaca que el ejemplo de los adultos es fundamental, ya que los menores imitan hábitos digitales de sus referentes principales. Limitar el uso de dispositivos en el hogar y establecer tiempos sin pantallas en toda la familia son recomendaciones clave para generar entornos más saludables.
Por otra parte, las recomendaciones señalan que la calidad del contenido y el momento en el que se usan las pantallas son tan importantes como el tiempo dedicado. Se sugiere evitar contenidos con ritmo acelerado y limitar el uso de juguetes y aplicaciones con inteligencia artificial, favoreciendo actividades que promuevan la interacción social, la creatividad y el descanso.
En paralelo, estudios internacionales alertan sobre las consecuencias de la exposición digital temprana. Un análisis de 2025 de la APA revisó cerca de 300 mil casos y encontró que el uso excesivo de pantallas incrementa las probabilidades de sufrir problemas emocionales, como ansiedad y depresión, además de dificultades en la regulación emocional y en la formación de vínculos sociales. La interacción con adultos y el contacto físico continúan siendo insustituibles en el proceso de formación de una infancia saludable.
A nivel global, algunos países han tomado medidas similares. Australia prohibió las redes sociales para menores de 16 años, mientras que Reino Unido busca implementar normas que queicen aún más la presencia de pantallas en la pequeña infancia. Sin embargo, los expertos coinciden en que los límites deben ser flexibles y adaptados a las distintas realidades familiares, especialmente en un mundo donde la tecnología forma parte de la vida cotidiana y en muchos casos es necesaria por motivos educativos o asistenciales.
En conclusión, la tensión entre aprovechar los beneficios de la tecnología y proteger el desarrollo integral de los menores se mantiene vigente. Las recomendaciones actuales apuntan hacia una gestión consciente y equilibrada, priorizando las actividades humanas, el contacto afectivo y la calidad del contenido digital. La clave está en que las pantallas no sustituyan los momentos de interacción real y en que los adultos sean ejemplos activos en la construcción de un entorno digital saludable para los más pequeños.
